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Currículum

Tema 07. Infecciones de transmisión sexual (ITS)

7. BIBLIOGRAFÍA

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7.6.1. ESCABIOSIS O SARNA

(ver también tema 07. Dermatosis por insectos, infestaciones e infecciones por protozoos)

Es una parasitosis cutánea muy contagiosa, causada por el ácaro Sarcoptes scabiei var. Hominis. Se estima que entre 175 y 300 millones de personas se infectan con sarna en todo el mundo (Chiu S, 2019; Kim DH, 2024; Chiriac A, 2024) y que la prevalencia anual es de 455 millones (Fernando DD, 2024), siendo los niños de entornos empobrecidos y superpoblados los más afectados y el hacinamiento uno de los factores sociales que contribuyen a un mayor riesgo de transmisión y fracaso del tratamiento (Chiriac A, 2024). Se estima que la prevalencia promedio es del 5 al 10% en los niños de los países con bajos ingresos, en especial en climas cálidos y húmedos como las regiones del Pacífico y América Latina donde hay un mayor hacinamiento (Welch E, 2021; Paray AA, 2025). En una revisión sistemática que agrupó 70 estudios se estimó una prevalencia global agrupada del 11,9% aunque existe una gran heterogeneidad según los países y las áreas geográficas. La prevalencia más alta fue la detectada en Oceanía (17,9%) (Gupta S, 2024).

Puede afectar individuos de cualquier edad y estatus social, pero existen 3 grupos principales de riesgo: los niños, los ancianos (sobre los que viven en residencias o en centros sociosanitarios) y las personas sexualmente activas, ya que el contagio se produce a través de un contacto directo con la piel de una persona infestada, de unos 20-30’, como el de un encuentro sexual. Por ello, en este grupo, tiene carácter de enfermedad de transmisión sexual y tiene una mayor prevalencia entre individuos promiscuos.

Asimismo, es habitual la diseminación al resto de la familia y a los contactos más próximos. Los niños pueden contagiarse en el ambiente familiar y de otros niños en la escuela. El riesgo es asimismo mayor entre los que residen en instituciones como cuarteles y prisiones. No son raras las epidemias en entornos institucionales como escuelas, residencias de ancianos y centros sociosanitarios. Más raro es el contagio por fómites como la ropa de la cama o al sentarse en un sofá compartido donde el acaro puede vivir dos o tres días.

Fue declarada por la OMS en 2017 enfermedad tropical desatendida, la más común entre las que tienen afectación cutánea (Iyengar L, 2024; Ziebold C, 2026).

En los últimos años, principalmente tras la pandemia de COVID-19, se ha detectado un aumento de la prevalencia de la sarna en los países con ingresos elevados como EE.UU. y Europa, especialmente en entornos urbanos e institucionales, entre las poblaciones que viven en condiciones de hacinamiento, como los migrantes y los refugiados. En EE.UU. el grupo de edad más diagnosticado de sarna también fueron los niños, con un 38% (Anderson KL, 2017). Se ha visto, igualmente, un incremento de la sarna en Alemania. Los diagnósticos se multiplicaron por nueve especialmente en el grupo de personas de 15 a 24 años, por su enorme movilidad y conectividad social (Reichert F, 2021).

En un estudio realizada en Sicilia (Italia), se revisaron los casos de sarna notificados durante el período 2003-2022 y en los años postpandemia COVID19 2020-2022. Se notificaron 935 casos de sarna entre 2003 y 2022, pero el incremento mayor se produjo entre 2020 y 2022, con 288 casos. Los estudiantes fueron el grupo más afectado (24,1%), seguidos de los jubilados (21,0%) y los trabajadores sanitarios (13,2%). Las vías de transmisión más comunes fueron la familiar (10,7%), seguido de los entornos sanitarios (residencias de ancianos e ingresos hospitalarios) (Laganà A, 2024). También se ha confirmado incremento de casos en las prisiones, con cerca de un 30% de los casos que precisaron un retratamiento, precisaron un número mayor de fármacos (p <0,001), más duración del tratamiento (p <0,001) y más desinfección de la celda (p <0,001), lo que puede reflejar un incremento también en las resistencias (Moreno-Valdiris EA, 2024).

La sarna es cada vez más frecuente en España. Anteriormente se veían al mes casos aislados de sarna, pero, después de la pandemia estamos viendo decenas de casos de sarna a la semana en las consultas de dermatología. Este incremento se puede constatar por el mayor número de prescripciones de ectoparasiticidas registrados por los Servicios de Salud de las comunidades autónomas, el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria y las Mutualidades (MUFACE, MUGEJU e ISFAS) (estadísticas de facturación por el código nacional del producto farmacéutico) y por el mayor número de búsquedas en internet sobre infestaciones de sarna, medidas con Google Trends, donde se observa que el interés público en la sarna ha aumentado en los últimos años (Fernández Camporro Á, 2024). Este incremento podría explicarse por varios factores: el posible desarrollo de resistencias, por información insuficiente sobre el modo de administración de estos o por un aumento de presentaciones atípicas, de más dificultad diagnóstica y, por tanto, más posibilidad de contagio. En un estudio observacional, transversal y multicéntrico de datos recopilados prospectivamente entre abril y mayo de 2023 por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), los dermatólogos participantes de 31 hospitales registraron 186 casos de sarna activa. Para el diagnóstico se exigió un nivel de certeza diagnóstica A, B o C según los criterios de consenso de la Alianza Internacional para el Control de la Sarna. El 92% de los pacientes presentaba una sarna típica y el 66% ya había recibido previamente un tratamiento escabicida para el episodio actual. En mucho de estos casos detectamos varias deficiencias remediables que podrían explicar por qué algunos de estos tratamientos habían fracasado: solo el 36% había recibido y completado el tratamiento adecuado (forma de aplicación correcta, tratamiento simultáneo de todos los convivientes, tratamiento de la ropa en contacto con la piel) y el 50% no había recibido recomendaciones claras por escrito (Galván Casas C, 2024). Si los síntomas persisten después de un tratamiento adecuado, es importante identificar la razón del fracaso. En casos refractarios, el médico prescriptor debería priorizar la medicación oral, indicar una dosis más alta o combinar ambos tratamientos. Se está evaluando el uso de tratamientos fuera de indicación, como el spinosad o la moxidectina, en ciertas poblaciones, para controlar esta enfermedad (Lluch-Galcerá JJ, 2023).