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Currículum

Tema 07. Infecciones de transmisión sexual (ITS)

7. BIBLIOGRAFÍA

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7.2.5.5. Diagnóstico de infección VIH y SIDA

El diagnóstico del VIH se realiza mediante pruebas específicas que detectan la presencia del virus o la respuesta inmune del organismo. La detección temprana es clave para acceder al tratamiento y reducir la transmisión del virus (World Health Organization [WHO], 2024). Existen diferentes tipos de pruebas diagnósticas:

1. Pruebas de detección de anticuerpos y antígenos: Estas pruebas detectan anticuerpos contra el VIH y el antígeno p24, una proteína del virus que aparece en las primeras semanas de la infección.

2. Prueba ELISA de 4ª generación: Detecta anticuerpos y el antígeno p24 en sangre. Se recomienda a partir de los 15-20 días después de la exposición (WHO, 2024).

3. Pruebas rápidas de VIH: Basadas en sangre o saliva, detectan anticuerpos y ofrecen resultados en 20-30 minutos. Son útiles en entornos comunitarios, pero menos sensibles en la fase aguda de la infección (Centers for Disease Control and Prevention [CDC], 2024).

4. Pruebas confirmatorias: Si una prueba inicial es positiva, se debe realizar una prueba confirmatoria más específica: Western Blot o inmunoblot: Detecta anticuerpos específicos contra el VIH para confirmar la infección. (CDC, 2024).

5. Pruebas de detección directa del virus (Carga viral o PCR):

5a. Prueba de ARN del VIH (PCR) que detecta el material genético del virus. Se usa en exposiciones recientes o en recién nacidos de madres con VIH;

5b. Prueba de la carga viral, que mide la cantidad de virus en sangre y se utiliza para monitorizar la efectividad del tratamiento antirretroviral (WHO, 2024). Se puede utilizar durante el periodo de ventana inmunológica (2 a 6 semanas después de la infección), ya que puede detectar el VIH 10 días después de la exposición (UNAIDS, 2023). Esta prueba debe realizarse después de una posible exposición (relaciones sexuales sin protección, compartir agujas, contacto con sangre infectada), en caso de que haya síntomas compatibles con infección aguda (fiebre, adenomegalias, fatiga, erupción cutánea), en revisiones regulares, especialmente en personas con factores de riesgo y siempre durante el embarazo, ya que el diagnóstico temprano y el tratamiento reducen el riesgo de transmisión al bebé (WHO, 2024).

Se debería solicitar un test de VIH a todos los adolescentes y adultos con riesgo de infección VIH (homo y bisexuales, personas promiscuas, trabajadores/as del sexo, drogadictos por vía parenteral y parejas sexuales de pacientes VIH+) y a todas las embarazadas. Siempre debe solicitarse un consentimiento (puede ser oral) para poder realizar la prueba de detección del VIH.

Se ha de realizar igualmente un cómputo de las células T CD4. Este cómputo refleja de forma fidedigna el riesgo real de adquirir infecciones oportunistas. Se precisan hacer contajes seriados en el tiempo para poder apreciar cambios significativos. Sin tratamiento, poco después de la infección los CD4 se reducen de forma significativa (~700/μL) y, a partir de este momento, siguen reduciéndose a lo largo de la fase asintomática o intermedia. El diagnóstico de SIDA se establece cuando una persona con VIH tiene un recuento de linfocitos CD4 menor de 200 células/μL.

Con el TAR, la carga viral se reduce hasta hacerse indetectable (< 30-50 copias/mL), habitualmente ya en las primeras semanas o meses. Si no se consigue la indetectabilidad en el periodo previsto o vuelve a detectarse una vez ha sido indetectable, podemos encontrarnos ante un fracaso del tratamiento. Esto puede ser debido a un mal cumplimiento del mismo o al desarrollo de resistencias al tratamiento por parte del virus.

Además, a todo paciente diagnosticado de infección VIH se le deben solicitar precozmente test para descartar tuberculosis (PPD), CMV, lúes (RPR o VDRL), test de amplificación de ácidos nucleicos (TAAN) de gonococo y de clamidia, serología de hepatitis A, B y C, anticuerpos anti-Toxoplasma con el fin de detectar el estado basal repecto a dichas enfermedades, que pueden acompañar la enfermedad.