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Currículum

Tema 07. Infecciones de transmisión sexual (ITS)

7. BIBLIOGRAFÍA

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7.1.1. Epidemiología

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son causadas por patógenos que se transmiten mediante la actividad sexual. Su elevada prevalencia mundial representa una carga importante para los sistemas nacionales de salud (SNS), especialmente en los países de ingresos medios y bajos. Constituyen las infecciones de declaración obligatoria más frecuentes en el mundo: se estima que cada día se producen alrededor de un millón de nuevas infecciones (World Health Organization, 2019). Además, tienen un impacto significativo en la salud y el bienestar de adolescentes y adultos jóvenes.

Tras el descenso mundial de las ITS motivado por el temor a la epidemia de SIDA en las dos últimas décadas del siglo pasado (31% de mortalidad por ITS) (Ebrahim SH, 1997), la triple terapia antirretroviral redujo de forma notable la mortalidad por infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) desde finales de siglo. En EE. UU., p.ej., la mortalidad por ITS (VIH) en mujeres en edad fértil descendió un 62% (de 3,4 a 1,3 muertes por 100.000 habitantes) (McElligott KA, 2014). Sin embargo, la eficacia de los antirretrovirales para evitar la progresión del VIH a SIDA y la disponibilidad de profilaxis antirretroviral preexposición (PrEP) proporcionaron un falsa sensación de seguridad, una disminución de la percepción de riesgo, lo que contribuyó a un nuevo repunte de las ITS, especialmente en países de ingresos altos. Además del incremento de conductas de riesgo entre los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), este incremento también se relaciona con la facilidad de encontrar pareja con el uso de redes sociales, la trata de personas, la mejora de los sistemas de declaración y diagnóstico y el aumento de la transmisibilidad por las migraciones (van den Elshout MAM, 2024). Este contexto ha favorecido la diseminación de las resistencias antimicrobianas, especialmente del gonococo y de Mycoplasma genitalium. La expansión global de las ITS se ve además agravada por el uso de drogas recreativas durante las relaciones sexuales y el sexo comercial vinculado a guerras, desplazamientos, migración y viajes (Soriano V, 2018).

Las ITS continúan aumentando en todos los países del mundo. En los Estados Unidos, en 2022 se notificaron a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) más de 2,5 millones de casos de gonorrea, clamidia y sífilis. Uno de los objetivos estratégicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el presente siglo XXI es el control de las cuatro infecciones curables: las 3 infecciones bacterianas (131 millones atribuibles a Chlamydia trachomatis, 78 millones a Neisseria gonorrhoeae y 6 millones a sífilis -en especial la sífilis neonatal) y una infección parasitaria (142 millones estimados por Trichomonas vaginalis) en 2018 (WHO, 2019).

Pero no hemos de olvidar que a estas cifras se han de sumar unos 417 millones de personas con infección por virus herpes simple (VHS) tipo 2 y alrededor de 291 millones de mujeres portadoras del virus del papiloma humano (VPH) (WHO, 2016; Unemo M, 2017). En los países desarrollados, predominan la clamidiasis y las infecciones por VPH, VHS y VIH.

En España, en 2017, se notificaron 8.722 casos de infección gonocócica, con un incremento sostenido desde 2001, al pasar de una tasa de 2,0 a 18,7 por 100.000 habitantes. Las tasas más altas se registraron en hombres (31,0 frente a 5,8) y en el grupo de 20 a 29 años (71 por 100.000). También se notificaron 4.941 casos de sífilis (10,6 por 100.000 habitantes), con una evolución similar a la gonococia. En las 15 comunidades autónomas con sistema de vigilancia para Chlamydia trachomatis, se declararon 9.865 casos, el 52,1% en mujeres, lo que la convierte en la ITS bacteriana más frecuente (López de Munain J, 2019). En España también predominan las infecciones víricas, la infección por virus del herpes simple (VHS) y por el virus del papiloma humano (VPH). También son importantes la infección por VIH y la infección por mPox (anteriormente viruela del mono) descrita recientemente (Del Romero J, 2023).

Existen poblaciones de riesgo, denominadas poblaciones core, que actúan como reservorio de las ITS y requieren estrategias específicas. Además de los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), se incluyen los trabajadores y trabajadoras sexuales. Por su mayor exposición, ambos grupos presentan una elevada incidencia de VIH y otras ITS, así como un alto potencial de transmisión. Según los estudios de vigilancia epidemiológica de los Estados miembros de la Unión Europea de 2019, los HSH contribuyeron de forma significativa a los 33.000 casos de sífilis, los 400.000 de gonorrea y prácticamente la totalidad de los casos de linfogranuloma venereum (LGV) (ECDC, 2019). Entre los pacientes VIH+ también se ha observado un aumento general de las ITS, especialmente de sífilis, gonorrea, Mycoplasma genitalium y hepatitis C. El incremento de la coinfección VIH-sífilis se ha asociado a un aumento de la neurolúes. Además, la infección por VIH acelera la progresión de la hepatitis C, una de las causas más frecuentes de mortalidad en pacientes con SIDA. En los países occidentales, donde los antivirales y antirretrovirales están subvencionados, se ha logrado reducir la viremia por hepatitis C y por VIH (Khaw C, 2018). Sobre trabajadores/as sexuales se han hecho algunos estudios especialmente en regiones de Asia, África subsahariana y Latinoamérica que han dado lugar a intervenciones integradas que combinan aspectos biomédicos (pruebas rápidas de detección y tratamiento en el día), estructurales y conductuales y se ha demostrado que estas intervenciones son coste-efectivas y de alta calidad en la reducción de las parejas sexuales, el uso del preservativo y la reducción de los casos de infección VIH (Rinaldi G, 2018).

Otra población de riesgo son los reclutas. En países como Tailandia la incidencia de ITS fue de 17.04% al año en estos pacientes. Las más frecuentes fueron gonorrea y chancroide, siendo rara la sífilis. Predominaba el uso de sexo comercial, el abuso de alcohol y drogas, el bajo nivel de estudios y no usar regularmente el condón (Celentano DD, 1996).

En las prisiones se detecta asimismo un elevado nivel de ITS (ECDC, 2017). Las personas privadas de libertad han sido identificadas por la OMS población core. En un estudio sobre reclusos realizado en Suiza, la prevalencia de infección por VIH fue del 0.4%, de sífilis fue del 1.1% y de HSV-2 del 22.4% (Chacowry Pala K, 2018). En EE.UU., a finales de 2022, 5,4 millones de personas (1 de cada 48 adultos) se encontraban encarceladas, en prisión o en libertad condicional. Se estima que una de cada 20 personas en Estados Unidos (5%) estará encarcelada en algún momento de su vida. Entre quienes ingresan por primera vez en centros penitenciarios, la prevalencia de ITS es considerablemente mayor que en la población general. También hay mayor riesgo de contagio en empleados y visitantes de contraer alguna de estas enfermedades contagiosas como la sarna (Olotu AA, 2026). En una revisión sistemática de los estudios publicados entre los años 2000 y 2025 sobre la prevalencia de clamidia, gonorrea o sífilis entre los presos se incluyeron 206 estudios (137 incluyeron solo adultos, n=425.215, 53 solo adolescentes n=342.762, y 16 ambos grupos, n=675.119). 190 (92,2%) estudios se realizaron en países de ingresos altos o medios-altos. En los 206 estudios, un 33,5% eran mujeres, 62,4% hombres y en el 4,1% el sexo no fue reportado. Entre las mujeres adultas, la prevalencia de clamidia fue del 6,5%, la de gonorrea fue del 1,5% y la prevalencia de sífilis fue del 5,9%. Entre los hombres adultos, la prevalencia de clamidia fue del 4,7%, la de gonorrea del 0,4% y la de sífilis del 3,7%. Sin embargo, entre las adolescentes, la prevalencia de clamidia fue del 16,8%, la de gonorrea fue del 6,0% y la de sífilis fue del 1,9%. Entre los adolescentes varones, las estimaciones correspondientes fueron del 7,4% la prevalencia de clamidia, del 2,0% la de gonorrea y del 1,9% la de sífilis. La alta prevalencia de ITS bacterianas en la población carcelaria, especialmente entre adolescentes y mujeres, pone de manifiesto importantes deficiencias en la salud pública en materia de prevención y tratamiento de estas ITS (Beaudry G, 2026).

El abuso sexual constituye un caso particular: pese a su elevada prevalencia, no suele asociarse a ITS en la mayoría de los casos, aunque infecciones como VPH, VIH o hepatitis pueden no detectarse durante las primeras semanas. En estas situaciones debe valorarse la profilaxis postexposición al VIH en las primeras horas, mientras que el diagnóstico definitivo debería diferirse y confirmarse mediante la repetición de pruebas pasados unos meses (Shapiro RA, 2006). Los clínicos tienen la obligación de notificar estos casos.

No debe olvidarse que las ITS pueden tener importantes consecuencias a largo plazo, pudiendo originar morbilidad y complicaciones graves. Las que causan erosiones o úlceras, como el herpes genital o la sífilis, facilitan la entrada del VIH; el VPH puede producir alteraciones celulares que evolucionen a cáncer genital, especialmente los serotipos 16 y 18; y las infecciones por clamidia y gonococo, a menudo silentes, pueden causar enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad femenina y dolor pélvico crónico en el 10-20% de los casos, además de complicaciones en el embarazo, como embarazo ectópico, aborto espontáneo, muerte fetal y transmisión neonatal (Hufstetler K, 2024).

En la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI) de 2026 se subrayó que la incidencia del VIH continúa siendo alta en poblaciones core (trabajadoras sexuales, HSH, personas que consumen drogas y mujeres transgénero) Por ello, se requieren nuevas estrategias de cribado que permitan identificar focos de transmisión y orientar mejor las medidas preventivas. En parejas serodiscordantes africanas, la viremia baja se asoció a un menor riesgo de transmisión. Con la PrEP oral, diaria o a demanda, se consiguió una incidencia muy baja de VIH. Los ensayos con lenacapavir inyectable confirmaron una eficacia sostenida, con muy pocas infecciones intercurrentes. Aunque ha aumentado el conocimiento sobre la PrEP de acción prolongada, su uso sigue siendo limitado, por lo que se necesitan intervenciones que mejoren su adopción y persistencia. Esto incluye el embarazo, contexto en el que no se observó necesidad de ajustar la dosis de cabotegravir inyectable de acción prolongada. También está aumentando el uso de profilaxis postexposición con doxiciclina (doxi-PEP), aunque sigue siendo bajo en varones con varios antecedentes de ITS (Buchbinder SP, 2026).

En 2022, la OMS inició un proceso de priorización de la investigación para identificar las áreas más importantes sobre ITS para abordar mejor esta necesidad mundial de salud pública. Se identificaron 40 necesidades prioritarias de investigación sobre ITS. Las principales fueron el desarrollo e implementación de pruebas de diagnóstico de ITS asequibles, viables y rápidas en el punto de atención (POC), así como de nuevos tratamientos, especialmente para la gonorrea, la clamidia y la sífilis, 3 de las enfermedades bacterianas potencialmente curables; el diseño de nuevas tecnologías de prevención y vacunas para las ITS; y la recopilación de datos epidemiológicos mejorados, tanto en lo que respecta a la infección como a los resultados de los tratamientos. Las prioridades también incluyeron nuevas estrategias de comunicación y gestión de parejas para las ITS. Seis áreas de investigación adicionales relacionadas con el Mpox (antes conocido como viruela del mono) reflejan la necesidad de investigar las ITS durante los brotes de enfermedades donde la transmisión sexual puede desempeñar un papel fundamental (Gottlieb SL, 2024).