Currículum
Tema 03. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL Y BASES PARA EL TRATAMIENTO DE LAS DERMATOSIS
1. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL
0/192. TRATAMIENTO TÓPICO DE LAS DERMATOSIS
0/73. TRATAMIENTO SISTÉMICO
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3.1. ANTIBIÓTICOS ORALES
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3.2. ANTIFÚNGICOS ORALES
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3.3. ANTIHISTAMÍNICOS H1 (AH1)
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3.4. ANTIINFLAMATORIOS: CORTICOIDES SISTÉMICOS
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3.5. RETINOIDES SISTÉMICOS
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3.6. CITOSTÁTICOS E INMUNOSUPRESORES CLÁSICOS
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3.7. INMUNOSUPRESORES SELECTIVOS. AGENTES BIOLÓGICOS
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3.8. INHIBIDORES SISTÉMICOS DE LAS JAK-CINASAS (“JAKINIBS”)
4. FOTOTERAPIA UVB Y FOTOQUIMIOTERAPIA (PUVA)
0/25. BIBLIOGRAFIA
0/13.4. ANTIINFLAMATORIOS: CORTICOIDES SISTÉMICOS
Los corticoides sistémicos (CES) son medicamentos indicados para el tratamiento de numerosas enfermedades debido a sus propiedades antiinflamatorias e inmunosupresoras. Desde los años 50 se utilizan para el tratamiento de la fase aguda de los eczemas generalizados, las enfermedades ampollosas crónicas y otras enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso, la esclerodermia sistémica y la fascitis eosinofílica o la dermatomiositis o en el síndrome de Sweet (Hooten J, 2014; Mertens JS, 2017; López LA, 2025; Mongin D, 2025). En las enfermedades agudas se utilizan habitualmente durante un máximo de unas 3 semanas. Generalmente se recomienda prednisona, en ayunas, en dosis única matutina de 40-60 mg, dado que es la forma que perjudica menos el eje hipotálamo-hipofisario. El tratamiento a largo plazo debe reservarse para dermatosis graves como el pénfigo o el penfigoide, el pioderma gangrenoso o las colagenosis. Siempre que sea posible la dosis debe reducirse hasta alcanzar la mínima efectiva en fracciones de 5 o 10 mg cada 1 o 2 semanas. P.ej., un paciente que ha recibido durante unas semanas o meses una dosis de 40-60 mg/d, tras conseguir la estabilización de la enfermedad, podemos comenzar la fase de reducción semanal por 5-10 mg de la dosis diaria hasta alcanzar 20 mg/día; posteriormente se puede reducir semanalmente 2,5 mg de la dosis diaria 10 mg/día; luego reduciríamos las dosis en 1 mg/d hasta alcanzar los 5 mg/d que intentaríamos pasar lentamente a tratamiento a días alternos. Antes de retirar los GCS nos hemos de asegurar analíticamente que se ha recuperado la función suprarrenal.
A pesar de sus reconocidos beneficios, su uso puede provocar efectos adversos graves en diferentes órganos, que pueden ser percibidos al cabo de pocos días de tratamiento, pero llegan a alcanzar al 90% de los pacientes que los usan durante más de 60 días. Entre ellos destacan el aumento de peso, la hiperglucemia e, incluso, la diabetes mellitus, la supresión suprarrenal, la osteoporosis, las alteraciones dermatológicas, las complicaciones cardiovasculares, las cataratas, el glaucoma, la úlcera péptica, la miopatía, el aumento de la propensión a las infecciones y retraso del crecimiento en niños, así como los trastornos neuropsiquiátricos entre pacientes sometidos a terapia crónica con corticosteroides sistémicos. Dependen principalmente de la duración del tratamiento y la vía de administración pero pueden ocurrir incluso con dosis bajas de CES (Moghadam-Kia S, 2010).
Para prevenir la insuficiencia suprarrenal, el tratamiento con GC para la enfermedad subyacente del paciente debe establecerse con la dosis diaria efectiva más baja y con la duración más corta posible. Sin embargo, la reducción gradual puede ser un desafío debido a las características individuales del paciente y principalmente debido a la falta de datos en la literatura para guiar una estrategia de reducción gradual estandarizada. La reducción gradual debe individualizarse según el juicio clínico y la evolución del paciente. En casos de enfermedad activa, la reducción gradual debe ser más lenta. En pacientes que usan dexametasona, el GC debe convertirse a una dosis equivalente de prednisona antes de iniciar la reducción gradual, que puede manejarse con o sin la ayuda de la medición matutina del cortisol sérico (Moghadam-Kia S, 2010; Silva CSD, 2024).
En vista de los múltiples efectos secundarios de los corticoides sistémicos cada vez existe una tendencia mayor a sustituirlos por fármacos biológicos, que muestran una efectividad similar y unos parámetros más seguros en el tratamiento a largo plazo.