Currículum
Tema 03. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL Y BASES PARA EL TRATAMIENTO DE LAS DERMATOSIS
1. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL
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1.1. INTRODUCCIÓN. LA FUNCIÓN BARRERA DE LA PIEL
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1.2. PENETRABILIDAD DE LA CAPA CÓRNEA
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1.3. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL
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1.3.1. Higiene de la piel
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1.3.2. Hidratación de la piel. Productos cosméticos
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1.3.3. Cosmecéuticos
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1.4. COSMÉTICOS Y COSMECÉUTICOS EN DERMATOSIS SELECCIONADAS
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1.4.1. Dermatitis atópica
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1.4.2. Acné vulgar
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1.4.3. Rosácea
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1.5. NUTRICIÓN DE LA PIEL, DEL PELO Y DE LAS UÑAS
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1.6. HIGIENE DEL CABELLO
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1.7. FOTOPROTECTORES
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1.7.1. Espectro de radiación solar
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1.7.2. Factores de riesgo para el cáncer de piel
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1.7.3. El factor de protección solar
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1.7.4. Los fotoprotectores
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1.7.5. Los vehículos
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1.7.6. Posibles efectos adversos
2. TRATAMIENTO TÓPICO DE LAS DERMATOSIS
0/73. TRATAMIENTO SISTÉMICO
0/84. FOTOTERAPIA UVB Y FOTOQUIMIOTERAPIA (PUVA)
0/25. BIBLIOGRAFIA
0/11.4.2. Acné vulgar
El acné vulgar es la dermatosis más común en la consulta del dermatólogo. Afecta aproximadamente el 80% de los adolescentes y produce cicatrices definitivas en aproximadamente el 20% de los casos. Puede originar baja autoestima, ansiedad y depresión. Para reducir la frecuencia de cicatrices es esencial un tratamiento temprano y continuo.
El acné comienza por una inflamación de la glándula sebácea que conduce a una alteración de los lípidos del sebo y una hiperproliferación y descamación de los queratinocitos en el ostium de los folículos sebáceos (microcomedones). Los comedones impiden el drenaje del sebo al exterior con acumulación del mismo en la unidad pilosebácea. Esto crea las condiciones favorables para la hiperproliferación del Cutibacterium acnes, una bacteria grampositiva anaerobia que forma parte de la microbiota de los folículos y causa una foliculitis (Fabbrocini G, 2014). La combinación de comedones, pápulas y pústulas foliculares y un aumento de la cantidad de sebo con alteración de su composición son las características iniciales del acne (Kanwar IL, 2018).
1.4.2.1. Higiene de la piel en pacientes con acné
La mayoría de los pacientes con acné creen que, además del tratamiento específico, deben recibir un cuidado de la piel que incluya limpieza e hidratación, aunque no existen evidencia científica que lo justifique. En un estudio se revisaron los ensayos prospectivos sobre limpiadores de venta libre publicados en una revista revisada por pares. Se seleccionaron catorce artículos que incluían 671 participantes. Se preguntó sobre la frecuencia del lavado facial, las pastillas de jabón Syndet, los limpiadores antisépticos, los limpiadores con hidroxiácidos o con ácido salicílico, pero se detectó que la mayoría de estudios no reunían calidad suficiente para formular recomendaciones fiables (Stringer T, 2018). Los dermatólogos recomendamos por lo general lavar la cara 2 veces al día con pastillas de jabón o lociones limpiadoras suaves. Muchas de las lociones limpiadoras para el acné contienen peróxido de benzoilo, ácido azelaico, ácido salicílico o triclosán. También pueden contener corneolíticos tópicos como el retinol, la niacinamida, el ácido glicólico o el ácido láctico. Todos ellos pueden resultar irritantes (Dall’oglio F, 2015) lo que disminuye la adherencia al tratamiento. Muchos de estos cosmecéuticos son populares y pueden comprarse sin la supervisión de un dermatólogo (no necesitan receta), lo que impide en la práctica educar a los pacientes sobre la utilización de los mismos (Barros BS, 2017).
Sobre una muestra de 190 estudiantes de ciencias de la salud (24,2% hombres, 70,8% mujeres, la mayoría con acné leve) se detectó que un tercio de los mismos utilizó productos OTC (de venta libre). Los productos de venta libre más utilizados fueron los limpiadores faciales (48,2 %), seguidos de las cremas y humectantes (30,7%) y el jabón limpiador (21,1%). Casi la mitad de los participantes recibieron la información de las redes sociales e internet. Se debería informar en la consulta cuales deberían ser los métodos de autocuidado y el momento más oportuno para su uso (Taha S, 2025).
Se habla de un manejo integrado del acné, que incluye desde la educación del paciente y la selección de los agentes terapéuticos hasta un régimen de cuidado de la piel con preparados que limpian, hidratan y la fotoprotegen (Zip C, 2017; Goh CL, 2023). La rutina dermocosmética incluye una emulsión limpiadora suave sin jabón, una crema hidratante con glicerina, niacinamida y/o pantenol, sobre lo que no existe una evidencia robusta.
1.4.2.2. Hidratación
La piel propensa al acné se asocia con una disfunción de la barrera epidérmica, que puede agravarse con los medicamentos para el acné. Muchos expertos recomiendan el uso regular de una crema hidratante no comedogénica ni acnegénica, 2 variables difíciles de evaluar, además de la variabilidad en la susceptibilidad individual, lo que hace difícil garantizar que un producto no desencadene acné en una persona determinada.
Si bien la excreción de sebo está aumentada en los pacientes con acné, la alteración de la composición lipídica puede deteriorar aún más la función de la barrera. Además, los medicamentos utilizados para tratar el acné pueden alterar la integridad y la función del estrato córneo. Se ha demostrado un aumento de la PTA con el uso de peróxido de benzoilo, probablemente debido al daño al estrato córneo. El tratamiento con retinoides tópicos (ácido retinoico, adapaleno) también es irritante y puede producir ardor, eritema y descamación, lo que adelgaza la piel y con ello la función barrera. Los dermatólogos consideramos que los retinoides tópicos son una opción de primera línea para el tratamiento del acné (normalizan la queratinización folicular y dificultan la formación de comedones) ya sea como monoterapia o en combinación con otros tratamientos (Kircik L, 2025). Además, el resto de tratamientos tópicos (soluciones hidroalcohólicas de antibióticos, ácido salicílico) también pueden dañar la barrera cutánea y causar descamación e irritación que podría comprometer la adherencia al tratamiento. Por eso, algunos médicos recomiendan hidratante en estos pacientes como tratamiento coadyuvante. Incluso consideran que algunas hidratantes, podrían contribuir por sí mismas a la mejoría de las lesiones (Chularojanamontri L, 2014), en especial las que contienen ceramidas (Schachner LA, 2023; Goh CL, 2024). La integración de una rutina dermocosmética específica redujo significativamente los riesgos de eritema, sequedad, sensibilidad y dermatitis por retinoides, que pueden provocar la interrupción y el fracaso del tratamiento. La mayoría de los pacientes reportaron altos niveles de satisfacción con los productos dermocosméticos (Belmontesi M, 2025).
Ahora bien, nosotros no compartimos dicha opinión ya que una de las características principales del acné es un exceso de grasa en la piel y una de las principales propiedades de las hidratantes es la de producir un sellado de la capa córnea que favorecería la oclusión de los comedones, una de las lesiones iniciadoras del acné.
1.4.2.3. Acné cosmética
Desde hace años se conoce una variedad de acné denominado “acné cosmética”. Se cree que puede estar causado por algunos ingredientes comedogénicos presentes en los cosméticos. En un estudio de casos y controles se realizó una encuesta a 151 pacientes y se constató que los limpiadores faciales (P = 0,04), la base de maquillaje (P = 0,03) y los polvos (P = 0,01) se relacionaron con un mayor riesgo de acné (de mayor a menor limpiadores faciales > polvos > base de maquillaje). En el análisis univariante solo el uso de polvos se mantuvo como un factor de riesgo significativo para el acné (OR 3,47, P=0,02). Además, se identificaron las cremas hidratantes como factores de riesgo independientes para el acné, siendo el riesgo mayor en caso de una mayor utilización (OR 1,03, P=0,03). Asimismo, se descubrió que los limpiadores faciales con ingredientes comedogénicos también eran un factor de riesgo independiente para el acné (OR: 2,49, P=0,01) (Choi K, 2025). En otro estudio se examinó la asociación del acné posadolescente con el uso de cosméticos y procedimientos cosméticos en 910 pacientes con acné y un número igual de controles emparejados. Valorando un índice de exposición cosmética acumulada se observó que las pacientes con exposición más baja (análisis multivariado) tenían un cociente de probabilidades <1, que fue disminuyendo progresivamente a medida que aumentaba la exposición cosmética (cocientes de probabilidades 0,679, 0,355, 0,307, aunque algunos cosméticos individuales tenían razones de probabilidad >1 (Singh S, 2013). También existe una variante que aparece en mujeres que relacionan la aparición de sus lesiones con un tratamiento intensivo de belleza facial realizado unas semanas antes. En algunos casos predominan los nódulos profundos, aunque también presentan comedones cerrados. Las lesiones se localizan principalmente en las mejillas, pero también en el mentón y la frente en la mitad de los casos. En algunos casos biopsiados el estudio histopatológico reveló un infiltrado mixto perifolicular con polimorfonucleares y en un tercio de los casos se observó un infiltrado granulomatoso (Khanna N, 1989).
Para el desarrollo de los cosméticos se ha de descartar su comedogenicidad. Al inicio se realizaron los test de comedogenicidad en modelos animales, utilizando la oreja de conejo como sustrato. En un estudio se comprobó que muchos cosméticos, fracciones y modificaciones de las lanolinas eran comedogénicos, al igual que emulsionantes con esterato de butilo, el miristato de isopropilo y el laurilsulfato de sodio (Fulton JE Jr, 1976). Se realizó un test comedogénico en el conducto auditivo interno de cuatro conejos albinos, machos, adultos, utilizando manteca de cacao y aceite de linaza, ambos conocidos por estar presentes en diversos productos cosméticos. La observación histológica después de 14 días mostró hiperqueratosis folicular, lo que confirió validez a esta prueba (Valentino A, 1984). Más recientemente, con las restricciones del uso de animales para las pruebas de laboratorio, se realizó una modificación para evaluar el potencial comedogénico de los productos cosméticos terminados usando la parte superior de la espalda de individuos con orificios foliculares prominentes. Se colocaban los parches con una solución saturada con 0,2 a 0,5 ml de los productos cosméticos a estudiar 3 veces por semana durante 4 semanas. Se realizaron biopsias para determinar el número de folículos y microcomedones y se pudo comprobar que muchos de los productos que habían sido considerados comedogénicos en animales no son necesariamente comedogénicos en humanos (Draelos ZD, 2006).