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Currículum

Tema 03. CUIDADO DE LA PIEL NORMAL Y BASES PARA EL TRATAMIENTO DE LAS DERMATOSIS

5. BIBLIOGRAFIA

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1.7. FOTOPROTECTORES

Además de la barrera física de la capa córnea, que impide el paso de sustancias nocivas y microorganismos, de la radiación ultravioleta (UV) dañina del sol nos defienden principalmente los melanocitos, con la síntesis de melanina, el fotoprotector natural. Los melanocitos se sitúan entre los queratinocitos de la capa basal de la epidermis (1 melanocito cada 10 queratinocitos aproximadamente) y con sus dendritas reparten la melanina por unos 50 melanocitos de su alrededor. Una vez transferida a los queratinocitos, la melanina se sitúa sobre el núcleo para evitar el daño del ADN.

Pero tampoco debemos olvidar que la interacción del sol con la piel puede causar efectos beneficiosos entre los que destacan el bienestar psicológico, la síntesis de vitamina D y la mejora de algunas dermatosis como la psoriasis, los eccemas o el acné (Piotrowska A, 2016).

Ahora bien, una exposición solar excesiva de forma aguda puede causar quemaduras (eritema post-exposición, que si es intenso puede dar lugar a ampollas) e hiperpigmentación y, cuando la exposición es crónica, acelera el fotoenvejecimiento (flacidez, atrofia cutánea, arrugas y manchas o lentigos solares) y causa daño actínico crónico, queratosis actínicas y cáncer cutáneo (carcinomas de queratinocitos y melanoma) (Young AR, 2019; Addor FAS, 2022).

Para prevenir la aparición de lesiones precancerosas y del cáncer cutáneo son fundamentales las conductas de fotoprotección: uso de cremas antisolares y de ropa que cubra la piel expuesta (manga larga, evitar los vestidos escotados), sombreros de ala ancha que protejan también las orejas y la nuca, gafas de sol que filtren los rayos UV, además de evitar las horas de mayor insolación (entre las 12 del mediodía y las 5 de la tarde, en especial durante los 6 meses centrales de año) y buscar la sombra (Gruber P, 2023; Gabros S, 2023). Se aconseja la aplicación del fotoprotector en todas las partes expuestas cuando estemos al aire libre. Incluso las exposiciones suberitematógenas (que no llegan a producir eritema o quemadura solar) pueden causar mutaciones en el ADN, por lo que está demostrado el beneficio del uso diario de fotoprotector. Las recomendaciones recientes de sociedades científicas (Asociación Europea de Dermato-Oncología, Euromelanoma, Euroskin, Unión Europea de Especialistas Médicos y la Sociedad Mundial del Melanoma) indican que, en las poblaciones de piel clara, hasta el 95% de los carcinomas de queratinocitos y el 70-95% de los melanomas cutáneos están causados por la radiación UV y, por lo tanto, son prevenibles. Las personas de piel clara, especialmente los niños, deben minimizar su exposición a la radiación ultravioleta y se les recomienda adoptar conductas de fotoprotección cuando se prevé que el índice UV alcance 3 o más (Whiteman DC, 2019). La exposición intencional a la radiación ultravioleta solar con el fin de tomar el sol y broncearse se considera una conducta no saludable y debe evitarse. De manera similar, el uso de solariums debe desalentarse firmemente, mediante reglamentación si es necesario (Garbe C, 2024).

El índice UV indica la intensidad de la radiación solar que alcanza la superficie terrestre y, por tanto, la capacidad de producir quemadura solar y daño actínico crónico, precáncer y cáncer de piel. Se considera que, con un índice UV elevado, el riesgo de quemadura y daño solar es alto o muy alto con poco tiempo de exposición. Las mediciones más fiables son las practicadas por las agencias oficiales de meteorología (Schmalwieser AW, 2017).