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Currículum

Tema 01. ESTRUCTURA Y FUNCIONES DE LA PIEL

3. LA UNIÓN DERMO-EPIDÉRMICA Y LOS DESMOSOMAS

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9. BIBLIOGRAFÍA

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IMATGES TEMA

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8.5. Microbiota residente y sistema inmune

En la piel sana reside una comunidad dinámica de comensales formada por billones de bacterias, hongos, virus y ácaros que conforman la microbiota cutánea. Los miembros de dicha microbiota interactúan entre sí y con los sistemas de señales que median la comunicación entre el sistema inmune cutáneo (SIC) y sus microorganismos asociados con la finalidad de promover la salud del sistema inmune y mantener la homeostasis de la piel. La microbiota y el SIC están en contacto y comunicación permanente, estableciéndose una relación simbiótica y una “puesta a punto” funcional (Lunjani N, 2021). Representa un cambio evolutivo mediante el cual el SIC utiliza señales de comensales fluctuantes para mantener una inmunidad de barrera y proporcionar protección heteróloga contra patógenos invasivos (Naik S, 2015). Los comensales, además, intervienen en la metabolización de productos producidos por piel como lípidos y queratinas, además de otras moléculas ambientales.

El SII cutáneo no es el único sistema de defensa inespecífico que encontramos en la piel. También la microbiota residente constituye por ella misma un mecanismo de defensa añadido para protegernos de la infección de potenciales patógenos. El Staphylococcus epidermidis, un componente importante de la microbiota normal de la piel humana sana, actúa como una barrera contra la colonización de microbios potencialmente patógenos y contra el crecimiento excesivo de patógenos oportunistas ya presentes. Nuestros microbios comensales residentes producen sus propios PAs, actúan para mejorar la producción normal de PAs por parte de los queratinocitos y son beneficiosos para mantener la homeostasis inflamatoria al suprimir el exceso de liberación de citoquinas después de una lesión epidérmica menor. Estas observaciones indican que la microbiota normal protege la piel humana a través de varios mecanismos de acción, una conclusión respaldada por muchas líneas de evidencia que asocian enfermedades como el acné, la dermatitis atópica, la psoriasis y la rosácea con un desequilibrio de la microbiota comensal propia (Gallo RL, 2011).

Una de las propiedades más interesantes del SIC es la capacidad de recordar anteriores reacciones, lo que denominamos memoria inmune. En ocasiones se trata de una inmunidad continuada por la persistencia crónica del antígeno, como en el caso de infecciones crónicas o antígenos derivados de la microbiota. Esta reactividad inmune persistente permite iniciar respuestas rápidas en caso de ser sometida a factores estresantes posteriores, tanto local como distalmente.

En la piel, las respuestas de los linfocitos T resultan de la acción coordinada de diferentes poblaciones de células dendríticas residentes en la piel y no están asociadas con la inflamación, lo que revela que las células residentes están preparadas para detectar y responder a las alteraciones en las comunidades microbianas. El SIC se encuentra en un entorno cambiante que puede remodelarse rápida y específicamente mediante encuentros con comensales definidos que son una rica fuente de antígenos a lo largo de nuestra vida. Las señales de estos comensales pueden provocar respuestas de linfocitos T que, de manera indirecta, aumentan las respuestas antimicrobianas a través de diferentes vías de la inmunidad innata, y que a su vez regulan el ecosistema microbiano. Frente a los comensales, pueden establecerse en el adulto respuestas homeostáticas de diferentes subpoblaciones linfocitarias incluyendo Tc17, Th17, Tgd o MAIT (Mucosal-associated invariant T cells). En otros casos, algunas especies son capaces de inducir cambios amplios de la inmunidad, mientras que otras inducen cambios limitados a una o pocas células inmunitarias. Inicialmente, los comensales colonizan la piel poco después del nacimiento. El sistema inmune neonatal establece tolerancia respecto a estos colonizadores primordiales mediante la inducción de células Treg específicas. Ahora bien, los cambios evolutivos del propio huésped pueden alterar su función y comprometer la barrera microbiana. Así, la interacción de la piel con los microbios patógenos puede dar lugar al desarrollo de la inflamación cutánea crónica (Skabytska Y, 2016). Frente a Malassezia, puede originarse una desregulación inmune que sería responsable de dermatosis inflamatorias comunes como la dermatitis seborreica (DS) pero también influiría en la inflamación de la dermatitis atópica (DA), la dermatitis del pañal, la psoriasis, la rosácea o la foliculitis. Malassezia induciría la producción de IL-12 e IL-23 en células dendríticas que de esta forma adquirían la capacidad de diferenciar los linfocitos T en una población Th17 que a su vez sintetizarán mediadores proinflamatorios como IL-17, IL-22, TNF-α e IFN-α (Zhang XE, 2024). El Staphylococcus epidermidis, uno de los colonizadores bacterianos más abundantes, puede fortalecer o dañar la barrera cutánea según el contexto y las cepas implicadas. En términos generales, la colonización con S. epidermidis induce la proliferación y supervivencia de los linfocitos T Tc17 (linfocitos T CD8+ secretores de la citoquina IL-17A) que residen en la epidermis, mejorando la inmunidad innata de la barrera y con ello limitando la invasión de patógenos. En la DA, existe una mayor susceptibilidad a las infecciones cutáneas y un marcado cambio en la colonización microbiana con predominio de Staphylococcus aureus (Kuchner M, 2021). La colonización por S. aureus induce la secreción de IL-1β por parte de células mieloides residentes en la piel, e inhibe la generación de Tregs específicas contra el S. aureus. Estas alteraciones inducen en la piel pérdida de agua y un metabolismo anormal de los lípidos. Las toxinas a y las proteasas secretadas por el S. aureus pueden disolver el estrato córneo y alterar la función de barrera de la piel (Zhang XE, 2024). De manera similar, Corynebacterium, uno de los miembros dominantes de la microbiota cutánea, promueve tanto el crecimiento como la activación de los linfocitos Tgd. En condiciones normales, el impacto de Corynebacterium es discreto, pero en la piel de personas con pieles grasas, puede promover la inflamación induciendo la producción de IL-23, un efecto dependiente del ácido micólico que se encuentra en su envoltura. Todos los anteriores son ejemplos de la existencia de una fuerte interacción entre los comensales microbianos de la piel y la barrera cutánea, y que esta última utiliza las señales de los primeros para sintonizar constitutivamente la inmunidad local (Naik S, 2015, Brown MM, 2020).