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Currículum

Tema 01. Estructura y funciones de la piel

3. LA UNIÓN DERMO-EPIDÉRMICA Y LOS DESMOSOMAS

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9. BIBLIOGRAFÍA

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IMATGES TEMA

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5.1. La dermis

También forma parte de la piel la dermis, una capa de 2-4 mm de grosor formada principalmente por fibras de colágeno y algunos fibroblastos. Es más delgada en la superficie ventral del tronco y de las extremidades que en la superficie dorsal. En palmas y plantas alcanza un grosor de unos 3 mm. Se sitúa inmediatamente por debajo de la epidermis de la que está separada por la membrana basal. Consta de 2 capas solapadas y no muy bien diferenciadas. La superior o dermis papilar está en contacto con la epidermis, con la que mantiene un lenguaje cruzado. Tiene un grosor de 300 a 400 micras (0,3-0,4 mm) según la edad y la ubicación. Se organiza en cordones que forman las papilas dérmicas y alberga terminaciones nerviosas y microvasos necesarios para la inervación y la nutrición epidérmica. Se diferencia de la dermis reticular porque tiene una celularidad más densa y el colágeno contiene mayor cantidad de proteoglicanos y una alineación más laxa. El estrato o capa reticular se sitúa más profundamente. Es la parte principal ya que representa el 80% de su volumen. Está separada de la dermis papilar por el plexo vascular subpapilar y está formada por fibras de colágeno más densas y mayoritariamente paralelas a la superficie, excepto algunos haces casi perpendiculares, así como por fibras elásticas que forman redes gruesas entre los haces colágenos. Con el envejecimiento, la dermis papilar disminuye de grosor, se vuelve más delgada y es reemplazada gradualmente por la reticular (Rippa AL, 2019). Se une al tejido celular subcutáneo sin un límite definido.

La dermis actúa como amortiguador de los golpes e interviene en la reparación de las heridas. Alberga, además, el sistema inmune cutáneo (linfocitos, células presentadoras de antígenos y macrófagos), los vasos sanguíneos y los nervios.

La dermis está compuesta principalmente de matriz extracelular (MEC), una red compleja de macromoléculas de fibras de colágeno, fibras elásticas y sustancia fundamental (glicosaminoglicanos, proteoglicanos y glucoproteínas). Todas estas proteínas interactúan firmemente entre sí y con las células de la dermis para mantener la estructura del tejido. Esta densa red de proteínas también regula una amplia variedad de vías de señalización que gobiernan la proliferación celular y otros procesos críticos como la migración, la diferenciación y la apoptosis.

Las principales proteínas de las MEC son los colágenos, las proteínas más abundantes en el cuerpo humano. Están formados por una superfamilia de 28 miembros que se conforman en subgrupos. Los colágenos fibrilares (tipos I, II, III, V y XI) son el principal componente de la MEC de los tejidos conectivos. En la piel, los colágenos fibrilares tipos I y III, constituyen más del 90% del contenido de la dermis y son los principales determinantes de la resistencia y rigidez del tejido. Los colágenos no fibrilares son menos abundantes, pero tienen asimismo funciones importantes. Los colágenos del grupo FACIT (colágenos tipos XII, XIV y XVI asociados a fibrillas con triple hélice interrumpida) sirven de puentes moleculares en la organización y estabilidad de la MEC (Shaw LM, 1991). Los colágenos menores son fundamentales para el anclaje celular (los colágenos IV y VII forman parte de la estructura de unión dermoepidérmica), el ensamblaje de la matriz y la señalización de los factores de crecimiento imprescindibles en la homeostasis y reparación del tejido normal (Theocharidis G, 2019). El colágeno se sintetiza bajo el estímulo del factor de crecimiento epidérmico (EGF), que también estimula la síntesis de ácido hialurónico y elastina. Se trata de un polipéptido monocatenario de 53 aminoácidos que actúa como mitógeno de una variedad de células. El componente principal de la dermis papilar es el colágeno tipo III que, a menudo, se entremezcla con el tipo I en la transición con la dermis reticular. También se encuentra en el útero, el intestino y los vasos. El colágeno IV se puede identificar en los capilares y, junto a la laminina V, es secretado por los queratinocitos basales y forma parte de la estructura de la membrana basal. El colágeno VII de la piel y sirve de nexo de unión entre la lámina basal y el colágeno III de la dermis papilar. También se detecta en la vejiga, las mucosas, el líquido amniótico y el cordón umbilical (Shahrajabian MH, 2024).

Con el envejecimiento, la piel sufre un paulatino adelgazamiento, una reducción gradual y progresiva del grosor tanto de la epidermis como de la dermis. Se cree que esto es debido a una disminución de la cantidad y función de las células madre epidérmicas y a la pérdida de grosor del colágeno dérmico, que afectan la estructura y función de la piel y favorecen la aparición de dermatosis, y del deterioro de la barrera cutánea, del retraso en la cicatrización de las heridas y en el desarrollo de cáncer de piel (Quan T, 2023). En la dermis envejecida, la superficie de las fibrillas de colágeno es más rugosa y los haces de fibras más rígidos y duros, en comparación con el colágeno dérmico joven. Con la edad se ha detectado un aumento de la metaloproteinasa de matriz-1 (MMP-1) y de los productos finales de glicación avanzada que son los responsables de un colágeno dérmico más áspero y rígido (He T, 2023). Tanto el envejecimiento intrínseco, que se produce en todas las personas por la edad y siguiendo unas pautas genéticas, como el envejecimiento extrínseco (fotoenvejecimiento), causado principalmente por la radiación solar, provocan alteraciones en la MEC dérmica. Ambos causan disminuciones significativas en los proteoglicanos de la MEC y por tanto de su integridad estructural. También disminuyen las fibrillas de colágeno y se incrementa su fragmentación. En el envejecimiento intrínseco lleva a una reducción de las fibras elásticas mientras en el fotoenvejecimiento se detecta un aumento de las fibras elásticas (elastosis solar) y de las proteasas proinflamatorias (McCabe MC, 2020).