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Currículum

Tema 01. Estructura y funciones de la piel

3. LA UNIÓN DERMO-EPIDÉRMICA Y LOS DESMOSOMAS

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9. BIBLIOGRAFÍA

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IMATGES TEMA

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4.2. La unidad pilosebácea

La unidad pilosebácea está compuesta por el tallo del pelo y el folículo piloso (FP), la glándula sebácea y el músculo erector del pelo. En determinadas áreas, la glándula apocrina (axilas, zona genital y perianal) drena igualmente en el FP (formando la unidad pilo-sebácea-apocrina). Todos ellos derivan del germen epitelial primario, una invaginación del epitelio fetal que se origina de las células basales embrionarias y es visible a partir del tercer mes de vida. El FP se considera un miniórgano que se forma a partir de células madre del folículo piloso ectodérmico como resultado de interacciones neuroectodérmicas-mesodérmicas. Este miniórgano se completa con el músculo erector del pelo.

4.1.1. Estructura del pelo

Se describen 3 tipos de pelo: 1) Lanugo o vello fetal, pelo largo y fino que cubre al feto y cae alrededor de un mes antes del nacimiento; 2) Pelo velloso, pelo fino, no pigmentado, cuya porción más profunda se sitúa en la dermis papilar; y 3) Pelo terminal, pelo fuerte y pigmentado cuya porción profunda se sitúa en la dermis reticular o en la hipodermis. El promontorio del pelo es el área del folículo marcada por la inserción del músculo erector del pelo. Contiene las células madre epidérmicas que forman parte de la vaina radicular externa y se tiñen con CK19, CK15 y CD200.

El pelo se divide en tallo y folículo piloso (FP). El tallo es la porción del pelo visible en el exterior de la piel. Está formado por células cuticulares que rodean la corteza, con una médula central fina únicamente presente en el cabello más grueso. La mayor parte de su estructura está formada por la capa cortical compuesta de queratina. Un pelo completamente formado se compone de bulbo piloso, folículo piloso y tallo piloso y deriva de placodas ectodérmicas (áreas engrosadas de células epidérmicas) que también dan origen al resto de anejos cutáneos, a los dientes y a las glándulas mamarias. El desarrollo de estas estructuras ocurre dentro de los primeros 4 meses de vida embriológica cuando se forma el brote piloso (Prost-Squarcioni C, 2006; Grubbs H, 2024). Se encuentra pelo en todas las regiones de la piel excepto las palmas y las plantas. También se exceptúan la semimucosa de los labios y los genitales. Su longitud oscila desde pocos milímetros hasta un metro. La mayor densidad de folículos pilosos se da en el cuero cabelludo.

El FP es la estructura sumergida en el interior de la piel. Se divide de arriba a abajo en tres segmentos: infundíbulo, istmo y segmento inferior. El infundíbulo comprende la porción desde el inicio de la invaginación epidérmica hasta la zona de drenaje del ducto sebáceo. El istmo es la porción desde la apertura de la glándula sebácea hasta la inserción del músculo erector del pelo. Es un área abultada, que contiene el promontorio, nicho de células madre epidérmicas para la regeneración de la piel. En el istmo se inserta la parte distal del músculo erector del pelo, cuyo extremo proximal queda insertado en la dermis papilar. El segmento inferior es la porción en crecimiento del folículo y, en su base, se expande para formar el bulbo. En la parte inferior del bulbo piloso residen las células de la matriz que tienen como función promover el crecimiento del pelo. En su parte central se invagina para contener por un tejido conectivo laxo y vascularizado llamado papila dérmica, que produce activamente pelo nuevo. Las células matriciales rodean a modo de pinza o copa la papila dérmica, que está envuelta por una vaina de tejido conectivo que contiene células progenitoras que regeneran la papila dérmica y participan en la cicatrización de las heridas (Prost-Squarcioni C, 2006). El crecimiento del pelo y el desarrollo del pelo nuevo se produce gracias a un lenguaje cruzado de señales entre las células madre de la papila dérmica y las células matriciales del pelo.

En un corte transversal y desde fuera hacia adentro, el FP está compuesto por la vaina radicular externa y la vaina radicular interna, a la cual rodea. La vaina radicular externa es la capa más externa del folículo y es semejante al epitelio epidérmico con el cual se continúa por arriba. Esta capa contiene células madre multipotentes, melanocitos y queratinocitos. Los queratinocitos producen la queratina de la cutícula, la capa más externa del pelo. Los melanocitos, que derivan de la cresta neural, producen la melanina que da color al pelo. Los gránulos de melanina se transfieren por medio de interacciones precisas desde los melanocitos foliculares a los queratinocitos corticales y medulares formando tallos pilosos pigmentados. Esta actividad depende de la disponibilidad de precursores de melanina y está regulada por una serie de enzimas, proteínas estructurales y reguladoras, transportadores y receptores, que actúan de una forma coordinada durante la etapa anágena del ciclo del pelo. Su regulación depende del receptor de la melanocortina MC1, la hormona adrenocorticotrópica ACTH y la hormona estimulante de los melanocitos MSH. Los melanocitos de la parte superior del FP también proporcionan un reservorio para la repigmentación de la epidermis en caso de vitíligo (Slominski A, 2005). La vaina radicular interna se extiende por arriba hasta la desembocadura del ducto sebáceo. En el bulbo piloso, las células basales que rodean a la papila dérmica son células matriciales o células madre del pelo, que por diferenciación dan origen a seis líneas celulares que forman las seis capas del FP. Desde la porción interna a la externa, las capas son: 1) médula, originada por la queratinización de las células de la capa más interna; 2) corteza, capa queratinizada que rodea a la médula; 3) cutícula, capa fina y dura que se produce al queratinizarse la tercera capa de las células germinales escamosas, que se solapan entre ellas dando rigidez al pelo; 4) vaina radicular interna, que comprende las capas de Huxley y Henle, cuyas células solo están ligeramente queratinizadas (desaparecen a nivel de la desembocadura de los conductos de las glándulas sebáceas, permitiendo que el sebo impregne y lubrifique el pelo); y 5) vaina radicular externa, formada por una capa de células ricas en glucógeno (no participa en la formación del tallo piloso). Al llegar al infundíbulo folicular, desaparecen las capas más externas, poniendo en evidencia el tallo del pelo y la secreción sebácea (Lin X, 2022).

Los músculos erectores del pelo se insertan a nivel del promontorio. En climas fríos, la estimulación simpática hace que estos músculos se contraigan. Una hilera de células musculares lisas del músculo arrector pili está unida por su extremo superior a la dermis papilar y por su extremo inferior a la vaina de tejido conjuntivo del folículo piloso. Al contraerse, coloca el pelo en posición más vertical. Esto eleva ligeramente el nivel de la piel y hace que el pelo se ponga erguido, lo que comúnmente se conoce como “piel de gallina” (Martel JL, 2023; Yousef H, 2024).

La morfogénesis y el ciclo de los folículos pilosos están regulados por una variedad de vías de señales que intervienen en el crecimiento y desarrollo del pelo (Lin X, 2022). El ciclo del pelo está impulsado por las células proliferativas y regenerativas de la matriz y consta de tres fases: 1) anagén o fase de crecimiento; 2) catagén o fase de reposo; y telogén o fase de caída del pelo. El 90% de los pelos están en fase de crecimiento, mientras que el 10% restante están en fase de catagén y telogén. Tras su caída, sobre las mismas papilas dérmicas que dieron vida al pelo anterior, comienza un nuevo ciclo de crecimiento. Las fases de crecimiento pueden durar de 2 a 7 años y los períodos de reposo de 2 a 3 meses, con una fase de transición entre ambas (catagen) que dura entre 3 y 6 semanas. La longitud que alcanza el pelo viene condicionada por la duración de la fase de anagén. Una fase proliferativa larga implica la posibilidad de alcanzar una longitud mayor. En el cuero cabelludo la fase anagén tiene una duración de 3-10 años. El pelo del cuerpo, las cejas y las pestañas, tiene una fase proliferativa más corta y, aunque las fases catagén y telogén sean más largas, explica su escaso crecimiento (Lin X, 2022).

4.1.2. Funciones del pelo

Comprenden la protección frente a la radiación UV (especialmente en zonas de mayor densidad como el cuero cabelludo), la regulación de la temperatura corporal (en los animales, en épocas de frío, al erizarse el pelo por contracción del músculo erector, se puede retener el calor al formarse una capa una capa de aislamiento; en épocas de calor facilita la transpiración), pero también trasmiten sensibilidad a la piel por sus terminaciones nerviosas. Además, tiene importancia en la relación interpersonal y la salud psicosocial. Socialmente, el cabello puede ser un símbolo de belleza y juventud, contribuyendo a la confianza en el bienestar psicosocial de un individuo. Además, los folículos pilosos albergan capacidades regenerativas excepcionales, ya que contienen múltiples poblaciones de células madre somáticas, como las células madre de los folículos pilosos y las células madre de los melanocitos. Alrededor de las células madre y su progenie, se organizan diversos grupos de células y proteínas de la matriz extracelular para formar un microambiente o “nicho” que sirve para promover y mantener el funcionamiento óptimo de estas poblaciones de células madre. Este nicho tiene un papel crucial en la regeneración de los folículos pilosos y probablemente la reparación de la piel dañada (Zhang B, 2014; Grubbs H, 2024).

4.1.3. Enfermedades del pelo

Las enfermedades comunes de los folículos pilosos son la reducción de la cantidad de pelo o alopecia (androgénica, areata y cicatriciales), las foliculitis infecciosas, generalmente estafilocócicas, el hirsutismo (aumento de la producción de pelo en áreas dependientes de andrógenos) generalmente debido a anomalías endocrinas y la hipertricosis, cuando el aumento de pelo se produce en áreas no androgénicas.

La hidradenitis supurativa (acné inverso o enfermedad de Verneuil) es una afección cutánea inflamatoria crónica de oclusión folicular con nódulos y abscesos profundos, túneles cutáneos de drenaje (tractos sinusales o fístulas) y cicatrices fibróticas. Estas lesiones ocurren con mayor frecuencia en áreas intertriginosas, aunque pueden presentarse en cualquier ubicación con unidades foliculopilosebáceas. Las áreas más comúnmente afectadas son las regiones axilar, inguinal, perianal, perineal e inframamaria. El tratamiento varía según la gravedad y puede incluir antibióticos tópicos y sistémicos, terapia hormonal, inmunosupresores clásicos o biológicos y cirugía. Esta afección puede tener un impacto psicosocial negativo debido al dolor asociado, la afectación de lugares sensibles, el drenaje y olor continuos, las cicatrices y la desfiguración (Ballard K, 2024)