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2.1. Dermatitis atópica (DA)

Es una dermatosis inflamatoria, crónica y recurrente. Se caracteriza por placas de eczema, piel seca, picor en ocasiones intenso y lesiones de rascado. Se distribuye de forma variable en función de los diferentes grupos de edad. Suele seguir un curso en forma de brotes con exacerbaciones y remisiones.

Suele presentarse en niños con antecedentes familiares de DA y frecuentemente se sigue de asma y rinitis alérgica (la tríada denominada “marcha atópica”), que también se descubre entre los familiares. Además, los niños atópicos tienen mayor riesgo de desarrollar dermatitis alérgicas de contacto o alergias alimentarias. Más rara vez debutan en la edad adulta o persisten hasta esa edad.

Es la dermatosis inflamatoria crónica más común de la infancia. En los últimos 30 años su incidencia se ha multiplicado por 3 en los países con ingresos elevados, donde se calcula una prevalencia del 15 al 30% en niños y del 2 al 10% en adultos (Silverberg, 2016). Esta prevalencia tan alta se cree que es debida a la mayor exposición a químicos, que estimulan los linfocitos de la “alergia” (Th2), y a la escasa exposición de la piel a bacterias y otros microrganismos, lo que dificultaría la maduración “normal” del sistema inmune cutáneo en el que predominan los linfocitos Th1.

Tiene un gran impacto psicosocial en los pacientes y sus familiares y es la principal carga mundial de enfermedades de la piel. La dermatitis atópica se asocia con un mayor riesgo de múltiples comorbilidades, incluidas alergias alimentarias, asma, rinitis alérgica y trastornos de salud mental.

Tiene importantes costos económicos directos e indirectos, como la visita al médico, el ausentismo escolar y la reducción de las interacciones sociales, lo que afecta enormemente la calidad de vida de los pacientes y sus familias (Sroka-Tomaszewska J, 2021). En los EE.UU. los costos directos e indirectos en 2017 oscilaron entre 5.297 y 37.700 millones de dólares (Avena-Woods C, 2017; Drucker AM, 2017).