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Currículum

Tema 12. Urticaria, toxicodermias y otras reacciones por hipersensibilidad

3. FITOFOTODERMATITIS

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6. BIBLIOGRAFÍA

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4.2. Vasculitis leucocitoclástica o vasculitis por hipersensibilidad

La vasculitis leucocitoclástica, es una vasculitis de pequeño vaso con afectación sobre todo de las vénulas postcapilares dérmicas, causada por depósito de inmunocomplejos en la pared de los vasos, activación del complemento, reclutamiento de neutrófilos y posterior extravasación hemática y necrosis fibrinoide. Es por tanto una reacción por hipersensibilidad de tipo III (Micheletti RG 2015).

Su incidencia es de alrededor de 4,5/100.000-año, siendo el 50-80% de las mismas idiopáticas. En el resto se encuentran factores desencadenantes como infecciones (estreptococos, Mycobacterium, hepatitis B, hepatitis C, Staphylococcus aureus, Chlamydia, Neisseria, VIH) y fármacos (betalactámicos, eritromicina, clindamicina, vancomicina, furosemida, alopurinol, antiinflamatorios no esteroideos, tiazidas). También se ha asociado a neoplasias y enfermedades inflamatorias. Además, las vasculitis leucitoclásticas pueden asociarse a colagenosis (lupus eritematoso, dermatomiositis, esclerosis sistémica, artritis reumatoide), en cuyo caso suele seguir el curso de la misma (Arora A 2014, Baigrie D 2017).

La clínica típica de una vasculitis leucocitoclástica consiste en máculas y pápulas purpúricas (“púrpura palpable”) en las extremidades inferiores, que suele ser asintomática o producir prurito o escozor. También pueden evidenciarse vesículas, ampollas, pústulas, úlceras o livedo reticularis. Rara vez afecta el abdomen o la parte acra de las extremidades superiores. Las lesiones suelen aparecer a la semana de la exposición al desencadenante y la resolución es espontánea en el 90% de los casos en semanas o meses. En un pequeño porcentaje de casos, la actividad de la vasculitis se mantiene de forma crónica durante años sin una causa aparente. En aproximadamente el 30% de los casos puede haber afectación extracutánea en forma de artralgias, febrícula, malestar general o mialgias, aun estando limitada a la piel.

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; máculas y pápulas purpúricas (púrpura palpable) en extremidades inferiores

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; máculas y pápulas purpúricas (púrpura palpable) en extremidades inferiores

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; máculas y pápulas purpúricas (púrpura palpable) y ampollas hemorrágicas en extremidades inferiores

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; detalle

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; detalle

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Vasculitis leucocitoclástica L95.9; maculopápulas prupúricas (púrpura palpable) en extremidades inferiores

El tratamiento depende de la gravedad y extensión de la enfermedad. En la mayoría de los casos, la vasculitis leucocitoclástica es limitada a piel y autolimitada, por lo que el manejo inicial consiste en la eliminación de factores desencadenantes (fármacos, infecciones, etc.) y medidas de apoyo como elevación de las piernas, reposo relativo, medidas de compresión y antihistamínicos o fomentos secantes en el caso de lesiones vesiculosas o ulceradas. Para casos leves se pueden emplear antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), aunque la evidencia es limitada.

En casos persistentes o recurrentes, se puede usar colchicina (0,6–1,2 mg/día) y dapsona (50–100 mg/día), ambos con eficacia demostrada en vasculitis cutánea leve a moderada. Si la enfermedad es extensa, ulcerativa, o refractaria, se recomienda el uso de corticosteroides sistémicos (prednisona 0,5–1 mg/kg/día), con reducción progresiva según respuesta clínica. En casos graves o con compromiso sistémico, se pueden añadir inmunosupresores como azatioprina, metotrexato o ciclofosfamida (Chen KR, 2008).