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Currículum

Tema 14. Alopecias y enfermedades comunes de las uñas

5. LA UNIDAD UNGUEAL

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7. ALTERACIONES UNGUEALES EN ENFERMEDADES DERMATOLÓGICAS

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8. ENFERMEDADES DE LAS UÑAS

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9. ALTERACIONES DE LAS UÑAS POR “TICS” (TOCS DE LAS UÑAS)

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10. BIBLIGRAFÍA

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1.2. Las alopecias

El crecimiento del cabello sano se produce a una velocidad de 0,3-0,5 mm/día, lo que equivale aproximadamente a 1-1,5 cm al mes y unos 15 cm al año. La mayoría de los hombres y mujeres sanos tienen entre 80.000 y 120.000 pelos terminales en el cuero cabelludo de los que se desprenden alrededor de 100 cabellos en telogén diariamente, el equivalente a la caída 1-3 cabellos de varias zonas del cuero cabelludo al aplicar una ligera tracción (test del tirón). Del equilibrio entre caída y repoblación resulta la densidad capilar total.

Por lo general la densidad del cabello aumenta progresivamente hasta su máximo hacia los 27 años y comienza a disminuir en diámetro y densidad a partir de los 35, de forma más o menos fisiológica, bajo el estímulo de los andrógenos (Ahluwalia J, 2019). Con el envejecimiento, además de los cambios en el diámetro y la longitud, aparece la canicie por disminución del número y la actividad de los melanocitos del bulbo; estos cambios constituyen la senescencia del pelo o alopecia senescente, de inicio y grado variables (Fernández-Flores A, 2019). Diversos factores como la inflamación, las hormonas, el estrés, las deficiencias nutricionales, la mala calidad del sueño y alguno fármacos que inhiben la división celular promueven la transición de la fase anágena a la telógena. Por el contrario, el aumento del flujo sanguíneo, la estimulación directa del folículo piloso y los factores de crecimiento favorecen la transición de la fase telógena a la anágena y el consiguiente crecimiento del cabello (Natarelli N, 2023). Esta cifra puede aumentar con algunas prácticas de cuidado capilar como el cepillado enérgico.

Alopecia significa pérdida de pelo, con independencia de la causa. Suele ser más evidente en el cuero cabelludo, pero puede aparecer en cualquier área del tegumento. Las alopecias se clasifican en no cicatriciales y cicatriciales, según que el proceso cure sin dejar huella o lo haga con una cicatriz permanente y, por tanto, irrecuperable. Las alopecias no cicatriciales se subdividen en difusas (alopecia androgénica, efluvio telógeno y alopecias secundarias, además de los trastornos congénitos del tallo) y localizadas o en placas (alopecia areata, tricotilomanía y tiña capitis). Entre las cicatriciales se incluyen el liquen plano pilar, la alopecia frontal fibrosante, el lupus eritematoso discoide, la foliculitis decalvante y el acné queloidal de la nuca, además de causas congénitas (nevus sebáceo de Jadassohn, aplasia cutis) y secundarias (querion de Celso, radioterapia, quemaduras o neoplasias).

La tricoscopia (dermatoscopia del cuero cabelludo) se ha consolidado como herramienta no invasiva de primera línea para el diagnóstico diferencial de las alopecias y para monitorizar la respuesta al tratamiento. Permite valorar el diámetro y la diversidad del tallo y el número de pelos por unidad folicular. Otro dato clave es que la conservación de los orificios foliculares orienta hacia una alopecia no cicatricial, mientras que su pérdida sugiere una cicatricial. También permite la observación de puntos amarillos y negros, los signos perifoliculares y la vascularización. La tricoscopia ayuda, además, a seleccionar la zona idónea para la biopsia (Rakowska A, 2009; Pirmez R, 2023).