Currículum
Tema 15. Enfermedades de las glándulas sebáceas y sudoríparas
1. ACNE
0/42. ROSÁCEA
0/33. DERMATITIS PERIORAL
0/24. HIDRADENITIS SUPURATIVA
0/75. HIPERHIDROSIS
0/26. BIBLIOGRAFÍA
0/14.6. Tratamiento
La HS es una enfermedad inflamatoria crónica extremadamente difícil de tratar. Se ha de aplicar una terapia distinta dependiendo de la fase y de la intensidad de la enfermedad. Existe una fase inicial predominantemente inflamatoria, durante la cual debemos realizar los máximos esfuerzos para controlar la inflamación, antes de la aparición de cicatrices y otros daños irreversibles. Los tratamientos en esta fase pueden retrasar la progresión de la enfermedad y alterar la historia natural de la misma.
El tratamiento para la fase inicial consiste en farmacoterapia. Según la intensidad de la inflamación, medida en base al IHS4, se subdivide en HS leve, moderada y grave. La fase de moderada a grave se trata principalmente con antibióticos orales o bien con inmunosupresores biológicos. En la fase intermedia (fase destructiva) se suele utilizar una terapia combinada farmacológica y quirúrgica, mientras que la fase final (fase cicatricial) se basa en la cirugía, aunque también se utilizan fármacos para las reactivaciones. El tratamiento quirúrgico depende del estadio de Hurley de la zona afectada para lo que existen diversos procedimientos.
El tratamiento integral de la HS consiste actualmente en la combinación de terapia médica para reducir la inflamación y procedimientos quirúrgicos para eliminar el daño tisular irreversible (Zouboulis CC, 2025).
4.6.1. Medidas generales
a) Reducir peso. Dietas de adelgazamiento, sin leche ni derivados (por los precursores androgénicos que contienen) y baja en glúcidos, lo que se ha visto que puede reducir la progresión y prevenir la formación de nuevas lesiones (Danby FW, 2015). Para ello se ha de adoptar una buena estrategia de comunicación.
b) No fumar. El tabaquismo se asocia a hidradenitis graves y a otras comorbilidades.
c) Vestir ropa ancha, para evitar la fricción y el roce en las zonas intertriginosas que favorecerían la rotura de los ductos foliculares que desencadenan la respuesta inflamatoria.
d) El manejo del dolor se debe hacer de forma individualizada (analgésicos tópicos como la xilocaína, AINEs como el diclofenaco, antidepresivos como los ISRS).
e) Si la inflamación y el dolor son intensos está indicado el drenaje quirúrgico o el “destechado” (deroofing) de las lesiones bajo anestesia local. Cada vez está más extendido la introducción precoz de la cirugía en el manejo de la enfermedad (Vellaichamy G, 2018).
f) La depilación asistida por láser podría amortiguar la progresión de la enfermedad. En una revisión sistemática de diez estudios (seis ECA) con un total de 227 pacientes, con varias modalidades de láser (Nd:YAG, alejandrita, CO2 fraccionado, luz pulsada intensa). Con todos los tipos de láser se consiguió mejoría significativa en la gravedad de la HS con EA mínimos (discreto dolor y eritema). El láser destruye la unidad pilosebácea-apocrina que es el foco inflamatorio de esta enfermedad compleja (Shipman WD 3rd, 2024).
g) En caso de alteración hormonal (empeoramiento premenstrual evidenciado, hiperandrogenismo, ovarios poliquísticos) considerar anticonceptivos orales combinados que contengan progestágeno con capacidad antiandrogénica (acetato de ciproterona, drosperinona) (Nikolakis G, 2019), aunque éste es un tratamiento controvertido.
h) Cuidar las heridas quirúrgicas como de los túneles de drenaje con apósitos especiales y limpieza. Se necesita una mejor educación sobre el cuidado rutinario y posquirúrgico de las heridas en la HS. También se precisa una mayor investigación en este campo. Se necesitan apósitos absorbentes para controlar los exudados. También ayudan a controlar el dolor. Para ello se precisan apósitos no adhesivos y con varias capas de contacto. Los que son antimicrobianos deben servir para combatir la disbiosis y los biofilms. Para reducir el olor se deben aplicar agentes dirigidos contra bacterias anaerobias (Hickerson N, 2025).
i) También es muy importante cuidar la salud mental (psicoterapia, incluyendo terapia conductual, técnicas de relajación para combatir el estrés y estrategias de afrontamiento y resiliencia) (Sabat R, 2025).
4.6.2. Tratamiento propiamente dicho (Zouboulis CC, 2018; Hendricks AJ, 2019). (adaptar también a IHS4)
En caso de HS leve (IHS4 ≤ 3), con lesiones superficiales, la clindamicina tópica 1% cada 12 horas durante 12 semanas es el tratamiento de primera línea. Es el único antibiótico tópico que ha demostrado eficacia en estudios controlados (Nikolakis G, 2021), aunque existe el riesgo de aparición de resistencias. Alternativamente se puede recomendar el resorcinol tópico (formulado en emulsión O/W, 2 aplicaciones diarias durante 12 a 16 semanas) que ha demostrado su efectividad en caso de HS leve-moderada por su actividad queratolítica, antipruriginosa y antiséptica, presentando además un buen perfil de seguridad. En un estudio controlado se demuestra que es más efectiva que la clindamicina al 1% (Molinelli E, 2022), aunque es más irritante.
En el caso de una lesión inflamatoria única y recidivante (nódulo o absceso) se puede realizar un abordaje quirúrgico (incisión y drenaje o “destechado”, deroofing, o bien escisión local). El “destechado” causa menos complicaciones posquirúrgicas y recurrencias. Además, es más rentable que la escisión, y ofrece una mejor calidad de vida (Hundal S, 2025). Para la escisión o el destechado se puede emplear el láser de CO2 con tasas de recurrencia comparables a las del destechado quirúrgico y prácticamente nulas dentro de los 12 meses posteriores al procedimiento. Sin embargo, el destechado quirúrgico proporcionó una curación de la herida más rápida (Clark SR,2024).
También se pueden utilizar las infiltraciones intralesionales de triamcinolona acetónido (10-40 mg/ml), que se puede repetir a intervalos de 2-3 semanas (Masson R, 2024), pero las recidivas son frecuentes. Reduce rápidamente la inflamación y el dolor asociados a los brotes agudos. También puede utilizarse en el manejo de nódulos y túneles recalcitrantes (Cuenca- Barrales C, 2022).
En caso de lesiones inflamatorias múltiples (nódulos o abscesos) (IHS4 moderada, 4-11), sin formación de túneles, fístulas ni cicatrices, recomendamos en primer lugar los antibióticos orales: Doxiciclina 100 mg cada 24 horas durante 12 semanas si son pocas lesiones (o doxiciclina 200 mg/d si las lesiones afectan más de 1 localización), que no deben administrarse a mujeres embarazadas ni a niños menores de 9 años debido al riesgo de decoloración permanente de los dientes (Sánchez AR, 2004), ó clindamicina 300 mg/12 horas en monoterapia durante 10 semanas o un tratamiento combinado de clindamicina 300 mg/12 horas y rifampicina 300 mg/12 horas, que es el más experimentado (van Straalen KR, 2023). Casi la mitad de los pacientes muestran una reducción del 50% en la puntuación de respuesta clínica (HiSCR50) después de 12 semanas de esta terapia, pero el 50% restante lo suspenden por EA, principalmente gastrointestinales. La eficacia y seguridad de los tres regímenes antibióticos es similar. También se ha mostrado eficaz la combinación de rifampicina, moxifloxacino y metronidazol durante un máximo de 6 meses (Delage M, 2023). Con este tratamiento se obtuvo una respuesta completa en 16/28 pacientes (57%). Los EA más comunes fueron síntomas gastrointestinales y candidiasis vulvovaginal.
Ahora bien, el tratamiento antibiótico prolongado puede desencadenar el desarrollo de resistencias, incluso con las 12 semanas recomendadas en las directrices internacionales sobre la HS (Zouboulis CC, 2015; Ingram JR, 2019; Fischer AH, 2017; Leiphart P, 2019). El tratamiento antibiótico en la HS se utiliza en parte por la presencia de una rica flora bacteriana en las lesiones, aunque también se considera antiinflamatorio. Ahora bien, cualquier antibiótico puede inducir resistencias en el microbioma del paciente y la resistencia a los antimicrobianos (RAM) es un importante problema de salud pública (ECDC, 2023). En su informe de 2023 (que recoge datos de 26 países correspondientes a 2021) la mayoría de los fueron positivos a E. coli (37,9%), Staphylococcus aureus (17,2%) y K. pneumoniae (14,9%), cuyos porcentajes de RAM se situaron por encima del 25% a diversos antibióticos en la mayoría de casos (más bajos entre los países del norte de Europa y superiores en los países mediterráneos) (ECDC, 2023). Los datos sobre la RAM en pacientes con HS tratados con antibióticos son escasos. En un estudio transversal sobre 239 pacientes se concluyó que la terapia antimicrobiana de la HS puede inducir RAM. Se encontró que los pacientes que usaban clindamicina tópica tenían mayor probabilidad de desarrollar S. aureus resistente a la clindamicina en comparación con los pacientes que no usaban antibióticos (63% vs. 17%; p = 0,03) y que la ciprofloxacina inducía resistencia a la ciprofloxacina y a la meticilina en S. aureus, en comparación con quienes no recibían antibióticos (100% vs. 10%; p = 0,045). Curiosamente no se observó RAM significativa en pacientes tratados con tetraciclinas o clindamicina oral (Fischer AH, 2017). En otro estudio sobre un total de 103 pacientes con HS se tomaron frotis del material purulento de 139 lesiones y el 79,86% (111/139) fue positivo para bacterias (73% grampositivas, 27% gramnegativas). Entre los aislamientos, el 85,1% fueron aerobios y el 14,9% anaerobios. Las familias bacterianas más frecuentemente aisladas fueron Staphylococcaceae (48,27 %), Enterobacteriaceae (14,94 %) y Streptococcaceae (6,89 %). Los antibiogramas revelaron una RAM del 57,1% a levofloxacino y del 53,3% a penicilina en S. lugdunensis, mientras que S. aureus mostró una resistencia del 76,9% a penicilina y del 58,3% al ácido fusídico. Se observaron altas tasas de resistencia del 63,3% para ampicilina y 40,5% para colistina en aislamientos gramnegativos. Se observaron resistencias del 62,5%, 61,5% y 53,8% a eritromicina, clindamicina y penicilina, respectivamente, en los anaerobios (Koumaki D, 2024). Es de destacar que la RAM difiere entre regiones geográficas debido a los diferentes hábitos de prescripción y/o restricciones de antibióticos (ECDC, 2023). Se deberían proponer normas microbiológicas generales para prevenir o limitar la RAM aunque, teniendo en cuenta la gravedad de la HS, es responsabilidad del médico prescriptor medir los beneficios y riesgos del tratamiento antibiótico.
En caso de HS de moderada a grave también se han demostrado eficaces los inmunosupresores biológicos. El primero aprobado por la EMA y la FDA para el tratamiento de la HS fue el adalimumab (Kimball AB, 2016), un fármaco anti-TNFα que se usa en la HS de moderada a grave a una dosis de 160 mg en la semana 0, 80 mg en la semana 2 y posteriormente 40 mg semanales (ó 80 mg cada 2 semanas) (Lee RA, 2015; Sabat R, 2025) o sus biosimilares (Puig L, 2019). Con la administración de adalimumab por vía s.c. se consigue el HiSCR50 en alrededor del 50% de los pacientes en la semana 12, lo que se mantiene al menos 1 año. Los anti TNFα no se recomienda en pacientes con neoplasias activas, insuficiencia cardíaca de clase III, lupus sistémico, esclerosis múltiple o infecciones sistémicas. También ha sido aprobado el uso de Secukinumab (SEC, un anti-IL17) con dosis inicial de 300 mg las semanas 0, 1, 2, 3 y 4 y luego mensualmente, y del Bimekizumab, a una dosis de 320 mg cada 2 o cada 4 semanas. Se han realizado varios estudios sobre el SEC en la HS. En uno de ellos que incluyo 20 pacientes se alcanzó respuesta clínica (64,5%) en el tercer mes de tratamiento, pero se tuvo que suspender debido a la ineficacia primaria en 9 (29%) pacientes, la ineficacia secundaria en 1 paciente (3,2%) y por efectos adversos en 1 (3,2%) paciente (Erbağcı E, 2025). También se ha realizado un estudio comparativo sobre la efectividad de estos agentes biológicos. El adalimumab semanal (40 mg) se clasificó como el más eficaz para alcanzar un HiSCR50 con una superioridad significativa sobre el Secukinumab (300 mg) cada 2 semanas (OR = 1,74) y 4 semanas (OR = 1,72) y una superioridad insignificante sobre el Bimekizumab cada 2 semanas (320 mg) (OR = 1,23) y 4 semanas (OR = 1,25). Además, adalimumab mostró la menor cantidad de eventos adversos (Calabrese L, 2025).
4.6.3. Fármacos de tercera línea
4.6.3.1. Dapsona
La dapsona (4,4′-diaminodifenil sulfona) es una sulfona con propiedades antibacterianas y antiinflamatorias. La actividad antibacteriana está mediada por la inhibición de la síntesis de ácido dihidrofólico. Se utiliza en dermatología como antibiótico para el tratamiento de la lepra y también para dermatosis autoinmunes (dermatitis herpetiforme, lupus eritematoso subagudo, vasculitis). También se ha utiliza en el tratamiento de la HS de leve a moderada a dosis de 200 mg/día durante un mínimo de 3 meses y hasta un máximo de 48 meses. En una revisión sistemática se incluyeron siete estudios que incluyeron un total de 135 pacientes de los que el 62% mostró diversos grados de mejoría tras el tratamiento. En general, la evidencia que respalda el uso de dapsona es débil (Rabindranathnambi A, 2022).
4.6.3.2. Retinoides: Acitretina
La acitretina reduce la proliferación de queratinocitos y la inflamación dérmica y epidérmica al inhibir la quimiotaxis de los polimorfonucleares y la liberación de mediadores proinflamatorios (Tan MG, 2017). Se administra a una dosis de 0,25-0,50 mg/kg/día durante de 3 a 12 meses. En tres estudios con 28 pacientes en tratamiento con acitretina, hubo una mejoría significativa en 17 (60,7%) pacientes (Boer J, 2011; Matusiak L, 2014). También se observó una mejoría en la calidad de vida (DLQI) y en el índice de gravedad de la hidradenitis supurativa (HSSI). En un estudio retrospectivo con 102 pacientes, la supervivencia global del fármaco fue del 42,0% a los 12 meses y del 37,4% a los 24 meses. El motivo de la supresión del fármaco fue la ineficacia (Bouwman K, 2022). Además, el uso de acitretina es causa de teratogenicidad.
4.6.3.3. Antiinflamatorios: Corticosteroides sistémicos
En casos agudos, se puede recomendar prednisona oral a dosis de 0,5-1 mg/kg/día con reducción semanal, como terapia de rescate o puente a otro tratamiento a largo plazo. Tiene un efecto rápido y mantenido, si bien sus EA limitan su uso prolongado. No se debe utilizar durante el embarazo. Con frecuencia se produce un rebote al suspenderlos o al reducir la dosis (Alhusayen R, 2015). También se pueden utilizar a dosis bajas en caso de fístulas supurativas y túneles recalcitrantes. Once de 13 pacientes mostraron una buena respuesta a la prednisona, 10 mg/día (Wong D, 2016). Además, se observó una reducción significativa del dolor y en el DLQI.
4.6.4. Tratamiento quirúrgico
Las técnicas quirúrgicas (incluyendo el láser de CO2) se utilizan tanto para aliviar el dolor de las lesiones inflamatorias agudas como para eliminar el tejido cicatricial deformante de las fases avanzadas (placas induradas, fístulas y túneles únicos o interconectados, cicatrices hipertróficas, bandas fibróticas o contracturas) (Saunte DML, 2017).
En el caso de nódulos inflamatorios o abscesos agudos, la incisión y el drenaje son el tratamiento de elección para la reducción inmediata del dolor, que se ha seguir de un tratamiento médico o quirúrgico adicional obligatorio. También se puede realizar el “destechado”, una técnica antigua de cirugía simple (van der Zee HH, 2010). Mediante inspección y palpación se delimitan los bordes, se marcan y se inyectan con anestesia local. Posteriormente se drenan las lesiones a tensión, realizando un corte que alcance los límites, y con una tijera se recorta todo el techo. Se limpia con gasa el suelo de la lesión. Luego se exploran digitalmente los márgenes en profundidad para comprobar si hay fístulas o canales comunicantes, que se destechan completamente. Finalmente se aplica una gasa con vaselina y se deja cerrar por segunda intención (CSI). El destechado también se utiliza en el tratamiento de los túneles en estadio II de Hurley (Saylor DK, 2020). Se retira el techo de los mismos, dejando el suelo epitelizado. Es una técnica quirúrgica eficaz y rápida que se puede realizar fácilmente con anestesia local en la consulta. Preservación al máximo el tejido sano circundante y convierte las lesiones dolorosas y recurrentes en cicatrices, con pocas complicaciones postoperatorias (van Hattem S, 2012; Saylor DK, 2020). Ciento cuatro pacientes con 183 lesiones tratadas con destechado en tres estudios prospectivos mostraron una tasa de recurrencia combinada del 14,7 % (204,221,222). En un estudio retrospectivo, se evaluaron 482 operaciones (363 operaciones primarias y 119 reoperaciones) mediante escisión con preservación de tejido cutáneo y peeling electroquirúrgico (STEEP) bajo anestesia general (223). Las recaídas debidas a cirugía no radical ocurrieron en el 29% de las 363 operaciones primarias y las mujeres tuvieron tasas de recaída significativamente más altas que los hombres.
En las etapas II y III de Hurley, la intervención quirúrgica se considera el método de elección para áreas con destrucción irreversible de tejidos (Scholl L, 2018).
En los túneles y las cicatrices aisladas también se puede realizar una extirpación completa, llegando hasta la grasa subcutánea. El destechado también se recomienda en el tratamiento de los túneles supurativos y las fístulas (retirando el techo del túnel y dejando que la herida cicatrice por segunda intención). En algunos casos se puede practicar la exéresis utilizando electrocirugía o láser de CO2 para controlar el sangrado. Cuando se trata de túneles interconectados o grandes placas induradas se requiere una extirpación amplia con un margen de 1 cm de piel sana, aunque no existe una definición clara de las diferencias entre escisión local, exéresis amplia o radical. El concepto quirúrgico requiere extirpar todo el tejido dañado irreversiblemente. Las áreas extirpadas suelen dejarse cicatrizar por segunda intención (CSI) (en algunos casos tarda 3 meses en cicatrizar). En un metaanálisis, en la mayoría de los pacientes (37%) se realizó el CSI después de una escisión amplia (Riddle A, 2021). En un estudio a gran escala, se encontró una tasa de recurrencia del 24% en un período de seguimiento de 5 años después de una escisión amplia con CSI (Ovadja ZN, 2021), mientras que en un metaanálisis se reportó una tasa de recurrencia del 12% al 19% después de CSI (Moazenzadeh M, 2015). Si el defecto quirúrgico es pequeño y, en determinadas localizaciones anatómicas donde no existe tensión de la herida, se permite el cierre primario (van Rappard DC, 2012), cuyas tasas de recurrencia son similares a las del CSI. En algunos casos, si el tamaño del defecto es mayor de 3-4 cm, se necesita un injerto de piel para evitar grandes contracturas. El injerto cutáneo de espesor parcial (STSG) puede inmediato o diferido (10-14 días después), que es el más utilizado. En un estudio se compararon los resultados de la reparación con STSG con colgajos, Se investigaron treinta pacientes (16 varones y 14 mujeres) con HS axilar con una duración de 6,5 ± 2,1 años a los que se realizó desbridamiento de la piel y el tejido subcutáneo hasta la fascia. Posteriormente el defecto quirúrgico se cubrió de forma diferida mediante un STSG en el lado izquierdo o un colgajo fasciocutáneo en el lado derecho. Al cabo de 1 mes no hubo diferencias significativas en cuanto al dolor ni a los 3, 6 y 12 meses de seguimiento, ni en cuanto a los rangos de movimiento, que fueron normales en 24 pacientes (80%). Tampoco se detectaron recidivas (Afsharfard A, 2020).
En estos estadios (Hurley II y III), con frecuencia se necesita combinar la cirugía con tratamientos antibióticos o antiinflamatorios sistémicos para lograr la máxima eficacia posible. El cierre primario tardío resultó en una tasa de recurrencia del 39%.212 En este estudio, los pacientes que recibieron terapia combinada biológica y quirúrgica mostraron una tasa de recurrencia significativamente menor tras el cierre primario tardío (19%).
En el manejo de las fístulas y los túneles también se han usado con éxito los setones, una técnica quirúrgica conservadora (Aranda Sánchez N, 2025).
Se puede practicar la vaporización completa y focal de todos los abscesos y nódulos inflamatorios y túneles con láser CO2, dejando tejido sano entre las lesiones patológicas. La técnica es adecuada para los estadios I y II de Hurley y no tanto para zonas muy extensas. Asimismo, se puede realizar un destechado con láser. Se trata de una técnica radical, pero que respeta tejido sano. En el tratamiento de los túneles es obligatorio realizar una inspección meticulosa de los bordes, como en el destechado con bisturí o con tijeras. El láser CO2 también puede utilizarse para realizar extirpaciones en bloque, con o sin coagulación de los restos en los tejidos profundos, con menor sangrado y, por lo tanto, mejor visualización que en las escisiones estándar (Finley EM, 1996; Hazen PG, 2010). La herida se deja curar por CSI tras cubrirla con un apósito y vaselina. Varios estudios retrospectivos demuestran un resultado favorable, con una baja tasa de recurrencia (Sherman AI, 1991; Lapins J, 1994). En un estudio se ha comparado el láser CO2 con el destechado quirúrgico con diferencias estadísticas a favor del láser. El tiempo medio de curación fue de 4,7±1,9 semanas en el grupo de láser de CO2 y de 10,9±4,1 semanas en el grupo del destechado (p < 0,01). También fue menor el dolor al cambiar el apósito (p < ,01) y el aspecto de la cicatriz a los 6 meses, mientras que fue similar el número de complicaciones postprocedimiento (1 con el láser de CO2 y 3 con el destechado quirúrgico) y la proporción de pacientes que lograron la cicatrización completa de los túneles a los 6 meses (90% con láser de CO₂ frente al 80% en el grupo quirúrgico) (Sechi A, 2025).
4.6.5. Tratamientos combinados: combinación de cirugía con tratamientos médicos
Las monoterapias actuales no suelen ofrecer resultados clínicos más allá de una mejora del 50%. En parte por una mayor carga inflamatoria que la de otras dermatosis y en parte por su patogénesis compleja y la presencia de tractos fibrosos y túneles que impiden que los fármacos alcancen el foco inflamatorio.
Están en estudio combinaciones de diversos tratamientos médicos en base a inmunosupresores biológicos con inmunosupresores clásicos y antiinflamatorios. Lo que está más establecido son las combinaciones de procedimientos quirúrgicos y fármacos sistémicos. Con la cirugía se pretende eliminar lesiones inflamatorias localizadas o bien túneles y cicatrices mientras que los tratamientos médicos buscan un control de la inflamación, al menos temporal. De todos modos existen pocos estudios de calidad que evidencien esta simbiosis.
Existe pocas publicaciones sobre la combinación de cirugía y antibióticos. El ertapenem (1 g/día i.v. durante 1 a 18 semanas) se ha visto que es rápido y efectivo para mejorar los síntomas en las formas graves de HS y puede utilizarse previo a la cirugía (Join-Lambert O, 2016; Nosrati A, 2024). También hay datos limitados en la literatura sobre la combinación de cirugía con fármacos biológicos. En una comparación de 21 pacientes sometidos a cirugía y luego terapia biológica vs cirugía sola, la combinación mostró tasas más bajas de recurrencia/progresión de la enfermedad (19% vs. 38.5% para cirugía sola; p < 0.01). Aparecieron nuevas lesiones en el 18% y el 50% de los pacientes del grupo de tratamiento combinado y solo cirugía, respectivamente. También fue más prolongado el intervalo libre de enfermedad (18,5 frente a 6 meses; p < 0,001) (DeFazio MV, 2016). Con esta combinación se ha hecho un ECA con 206 pacientes con HS moderada-grave (estadio Hurley III) en tres regiones anatómicas, que fueron aleatorizados 1:1 para recibir adalimumab 40 mg s.c. una vez por semana o placebo durante el preoperatorio (12 semanas), perioperatorio (2 semanas) y postoperatorio (10 semanas). En la semana 12, el 48% de los pacientes que recibieron adalimumab frente al 34% de los que recibieron placebo (p = 0,049) alcanzaron HiSCR en todas las regiones corporales (Bechara FG, 2021). Tampoco se observó un mayor riesgo de infección de herida postoperatoria después de una cirugía de escisión amplia seguida de CSI, ni otras complicaciones o hemorragia con adalimumab frente a placebo.
De igual manera, se puede añadir cirugía a los biológicos. En un estudio retrospectivo (n = 30; Hurley estadio II o III) evaluó a pacientes sometidos a tratamiento con infliximab seguido de cirugía para eliminar los túneles restantes. A los 50 meses, el 37% de los pacientes tratados con infliximab seguido de cirugía adyuvante estaban libres de enfermedad frente al 13% de los pacientes tratados con infliximab solo (Van Rappard DC, 2012). En otro (n = 68), se evaluó el impacto de la intervención quirúrgica con terapia biológica adyuvante, comprobándose que la eficacia de los biológicos fue mayor en pacientes que también se sometieron a cirugía (p = 0,013) (Shanmugam VK, 218). Se ha visto, asimismo, que los pacientes que recibieron cirugía conjuntamente con terapia biológica tuvieron más probabilidades de lograr una reducción del 75% en los abscesos y los nódulos inflamatorios (p = 0,017). El único ECA sobre la administración de adalimumab junto con cirugía (escisión amplia y CSI) en HS moderada a grave no mostró una reducción en las indicaciones y la extensión de la cirugía (Bechara FG, 2021). Sin embargo, demostró claramente que era seguro combinar adalimumab con cirugía.