Currículum
Tema 15. Enfermedades de las glándulas sebáceas y sudoríparas
2. ROSÁCEA
0/33. DERMATITIS PERIORAL
0/24. HIDRADENITIS SUPURATIVA
0/75. HIPERHIDROSIS
0/26. BIBLIOGRAFÍA
0/11.4. Cosméticos y acné
Entre los cosméticos se incluyen tres categorías de productos: 1) maquillajes (prebases, correctores, bases de maquillaje, colorete, sombras de ojos y polvos 2) productos para el cuidado de la piel (tónicos, sérums, hidratantes), 3) productos de limpieza facial (limpiadores y desmaquillantes).
Una de las lesiones iniciales del acné son los comedones. Se forman por una queratinización anormal de la parte distal del folículo pilosebáceo que causa obstrucción del ostium folicular. Esta obstrucción puede ser parcial (comedón abierto o punto negro) o completa (comedón cerrado o punto blanco), originando acúmulo de sebo en su interior (Draelos ZD, 2006). Se ha comprobado que algunos cosméticos promueven el desarrollo de comedones, son comedogénicos y, por tanto, pueden desencadenar o empeorar un acné. Se puede cuantificar la exposición a cosméticos (índice de exposición cosmética acumulada, CCEI) multiplicando la duración de la exposición por la frecuencia de uso en los últimos 28 días.
Se han realizado estudios de comedogenicidad con la mayor parte de los ingredientes de los cosméticos. La mayoría se han clasificado como de potencial comedogénico nulo o muy débil (manteca de cacao, aceite de maíz, aceite de girasol, aceite mineral, glicerina, alcohol cetílico, polisorbato 60, estearato de sorbitán, fenoxietanol, hidroxiacetofenona, estearato de glicerilo, ácidos linoleico y linolénico, trietanolamina, carbómero, tocoferol, acetato de alfa tocoferilo), mientras que han resultado positivos (incremento de un 50% de comedones en la bopsia de control) la lanolina, el lauril sulfato sódico, el estearato de butilo, el miristato de isopropilo y el palmitato de octilo (Fulton JE Jr, 1976; Waranuch N, 2021). Sin embargo, este potencial comedogénico no es el mismo que el de los productos finales, ya que las mezclas con otros ingredientes y la aplicación en la piel humana alteran la comedogenicidad final de cada compuesto.
Varios estudios epidemiológicos han identificado los cosméticos como un factor de riesgo significativo para el acné (Bowe WP, 2010; Chularojanamontri L, 2014). Algunos cosméticos contienen ingredientes comedogénicos (p.ej, polvos, bases y mascarillas faciales) y, además, la exposición general a cosméticos estaba asociada negativamente y de forma dosis-dependiente con el acné postpuberal (Cheng Y, 2009). Existe una correlación entre el uso frecuente y la cantidad de cosméticos y la gravedad del acné en mujeres adultas. Es el denominado “acne cosmética” (Kligman AM, 1972), el cual es especialmente significativo en el AMA. Las mujeres adultas con acné tienden a utilizar cremas hidratantes densas y maquillajes para disimular las lesiones. Asimismo, estas tendencias cada vez son más utilizadas por las adolescentes debido a la influencia de las redes sociales. Los adolescentes, suelen tener una piel hiperseborreica y con tendencia a la formación de comedones. Las hidrantes y los maquillajes pueden empeorar su acné.
En un estudio de casos y controles que incluyó 151 participantes se comprobó que los limpiadores faciales (P = 0,04), los polvos (P = 0,01) y la base de maquillaje (P = 0,03) se relacionaron con un mayor riesgo de acné. Igualmente, las cremas hidratantes se identificaron como factores de riesgo independientes para el acné. Una mayor dosis de hidratante se correlacionaba con un mayor riesgo (OR = 1,03, p = 0,03). También se comprobó que los limpiadores faciales con ingredientes comedogénicos son un factor de riesgo independiente para el acné (OR = 2,49, P = 0,01] (Choi K, 2025). Cuando los polvos se combinan con el sebo, pueden aglutinarse y bloquear los orificios foliculares y la secreción de sebo, provocando la aparición de comedones. Respecto a las hidratantes, sobre todo las oclusivas (vaselina, lanolina, aceite mineral, parafina) forman una película espesa, que puede obstruir igualmente el drenaje del sebo y permitir la acumulación de queratina. Por otra parte, la piel muy hidratada aumenta la permeabilidad a sustancias hidrófilas como el ácido láurico (lauril sulfato sódico) y el ácido esteárico que contienen con frecuencia los productos de limpieza facial y pueden causar irritación e inflamación persistentes. El uso de determinados limpiadores faciales se asocia independientemente con el riesgo de acné (OR = 2,5) por lo que se recomienda lavarse la cara con un limpiador facial suave, preferiblemente con un Ph ligeramente ácido (el pH óptimo de la piel está entre 4,7 y 5,75). Un pH demasiado alto o demasiado bajo puede ser irritante y comprometer la función de barrera de la piel. Además, puede promover la exfoliación de los queratinocitos y una queratinización folicular anormal que produzca oclusión de los conductos pilosebáceos. Como conclusión, recomendamos: 1) utilizar limpiadores faciales suaves, de pH ligeramente ácido; 2) suspender las cremas hidratantes con las que hayan aparecido nuevas lesiones de acné en el último mes; 3) priorizar en los cosméticos las formulaciones no comedogénicas; 4) enjuagar por completo los limpiadores, en especial en zonas de alta retención, como la línea del cabello y la mandíbula (Choi K, 2025).
En un reciente estudio sobre la utilidad de los dermocosméticos en el acné, realizando una extensa revisión bibliográfica e intentando llegar a un consenso entre especialistas se destaca que los estudios sobre dermocosméticos son poco rigurosos y de baja calidad, los tamaños de muestra son más pequeños que los que analizan medicamentos, no existen apenas estudios controlados con placebo y no hay una definición precisa sobre la gravedad del acné. Además, no se utilizan sistemas de clasificación estandarizados que permitan la comparación entre estudios. Finalmente, los dermocosméticos a menudo contienen varios ingredientes en diferentes concentraciones; por lo tanto, es difícil atribuir el efecto clínico observado a un solo compuesto. Uno de los aspectos con mayor consenso fue que es importante la fotoprotección para evitar la hiperpigmentación postinflamatoria. Muchos de los estudios no se habían realizado utilizando una metodología robusta. Los estudios fueron con frecuencia de baja calidad y/o se realizaron durante un período relativamente corto (8 semanas o menos), insuficiente para evaluar adecuadamente los efectos sobre el acné. Muchos estudios tuvieron poca potencia estadística, ya que reclutaron a un número limitado de participantes, lo que impidió el análisis estadístico necesario. Además, muchos cosmecéuticos contienen muchos compuestos, a menudo en concentraciones desconocidas, no está claro si ciertos compuestos o ciertas concentraciones son relevantes, o si algunos compuestos pueden incluso perjudicar la función de otros (Thiboutot D, 2025).