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2.2. Clínica cutánea

La inflamación de la pared y consiguiente fragmentación de los vasos permite la extravasación de sangre, que suele presentarse en la piel como pequeñas lesiones purpúricas que no desaparecen a la vitropresión. La mayoría de las lesiones son maculares, aunque si hay vasculitis activa tendremos lesiones palpables, reflejando la inflamación de la pared vascular.

Cuando el vaso afectado es de calibre pequeño, además de pápulas purpúricas, pueden presentarse como vesículas o ampollas hemorrágicas, costras, pústulas, lesiones urticariformes, hemorragias en astilla, úlceras y necrosis.

Cuando se afecta un vaso de calibre mediano se suele presentar como nódulos subcutáneos, lívedo reticular, úlceras, lesiones pápulo-necróticas e infartos digitales.

Se ha de tener en cuenta que la presencia de vasculitis de pequeño vaso en la piel no excluye la presencia de vasculitis de vaso mediano en otros órganos, lo que ocurre con cierta frecuencia. Lo más importante en el contexto de una vasculitis es determinar si se trata de una enfermedad limitada a la piel (generalmente benigna y sin sintomatología general asociada) o si la piel sólo es uno de los órganos afectados en el contexto de una enfermedad multisistémica (con clínica multiorgánica y mayor gravedad).