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Currículum

Tema 02. Bases para el diagnóstico en dermatología

8. PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

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9. BIBLIOGRAFÍA

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7.1. Etiopatogenia

Es el síntoma cutáneo más frecuente. Se define como “aquella sensación que nos obliga a rascar”. Se origina por la activación de terminales nerviosos por mediadores inflamatorios, neurotransmisores y neuropéptidos; esta señal es captada por terminaciones nerviosas libres, de fibras nociceptivas C desmielinizadas, situadas en la unión dermoepidérmica, que transportan la señal a la neurona sensitiva del asta posterior. Desde allí se transmite al tálamo contralateral por el fascículo espinotalámico y, finalmente, alcanzan la corteza cerebral. Comparte con el dolor algunos mecanismos moleculares y neurofisiológicos. Puede producir una importante alteración de la calidad de vida.

Al analizar la causa del prurito, primero debemos comprobar si se asocia a alguna dermatosis (principalmente picaduras, liquen plano, eczemas, neurodermitis, urticaria y algunos casos de psoriasis y tiña). También causa picor la xerosis (sequedad cutánea), especialmente en personas ancianas.

Si no se aprecia una dermatosis como las descritas y sólo hay excoriaciones, se debe descartar sarna y también enfermedad sistémica (uremia, obstrucción biliar, enfermedades neurológicas, endocrinopatías, enfermedad linfoproliferativa o neoplasias internas sólidas). Un paciente con prurito generalizado debe ser interrogado y explorado para descartar la patología referida, incluyendo las exploraciones complementarias pertinentes.

Si no se detecta dermatosis ni enfermedad sistémica lo etiquetaremos de prurito idiopático o sine materiae (probablemente psicosomático: pacientes con ansiedad, depresión, transtorno obsesivo-compulsivo o delirio de parasitosis) (Yosipovitch G, 2008), aunque deberemos realizar un seguimiento prolongado.